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Metaliderazgo, un modelo superior de liderazgo que incluye a todos

Ignacio Campoy, CEO de Formación Universitaria, reflexiona en este artículo sobre los diferentes modelos de liderazgo.

El Metaliderazgo sugiere que los jefes o líderes más eficaces y productivos utilizan los cuatro comportamientos de personalidad universales; cada uno en su justa medida y en el momento oportuno.

Hay que tener claro que ningún jefe o líder tiene un estilo único de dirigir o liderar y por tanto de liderazgo. Si se aspira a ser un metalíder se debe ser consciente de que haya que dominar y utilizar los 4 estilos o dominancias de comportamiento de personalidad incluidas en las Teoría DISC del psicólogo Willian Moulton Marston. Los cuatro estilos de liderazgo desde la teoría DISC son, en consecuencia, vitales. Cada uno tiene sus fortalezas y debilidades, vinculadas al jefe o líder y a las personas que dirige o lidera, así como al contexto y al entorno en el que se desarrolla la dirección o el liderazgo. Esto provoca o provocará, que en algunos momentos, determinados estilos de dirección o de liderazgo no sean eficaces y otros sí lo sean.

En resumen, los verdaderos metalíderes están continuamente adaptando su estilo de liderazgo. Todos los días, semanas, meses y años utilizan las 4 dominancias o estilos universales en su justa medida y en el momento oportuno.

Las cuatro dominancias utilizadas en su justa medida y en el momento oportuno son eficaces y obtienen un resultado muy positivo en la productividad de los colaboradores, los equipos, las empresas o las organizaciones.

Líder Dominante
El primer estilo de liderazgo a estudiar es el de la dominancia D. Es un jefe o líder que se centra en las habilidades personales del ‘yo’, orientado a las tareas, a la acción, a conseguir los objetivos y, por tanto, su mantra es: «Vamos a hacerlo ¡ya!». Es un estilo de dirección o de liderazgo autocrático, jerárquico y unidireccional. Este estilo de dirección o de liderazgo sigue un modelo de pensamiento en el que la prioridad es conseguir los objetivos y realizar las acciones que el jefe o el líder quiere, sin ningún tipo de cuestionamiento o discusión. Se podría traducir como el antiguo «ordeno y mando» que, por desgracia, todavía sigue vigente como único estilo de liderazgo en muchas empresas.

Un líder de dominancia D tiene un comportamiento dominante, está orientado a las tareas, su estilo de liderazgo es jerárquico y su mantra es: «Vamos a hacerlo ¡ya!»

El estilo de dirección o liderazgo de la dominancia D resulta eficaz con colaboradores que necesitan mucha dirección, esto es, personas con pocos conocimientos o que acaban de incorporarse a la empresa o negocio y no conocen sus métodos de trabajo, cultura o knowhow. Asimismo, es perfecto en momentos drásticos o críticos, en los que la empresa pueda estar sufriendo una crisis, un proceso de quiebra o precise dar un giro de 180 grados. Es entonces cuando más se necesita a este tipo de jefe o líder y de dirección o liderazgo.

Normalmente puede resultar muy complicado trabajar bajo la dirección o liderazgo de un jefe o líder D cuando lidera desde sus debilidades. La mayoría de los colaboradores lo rehuirán y lo temerán, por lo que tenderán a evitarlo. Además, aquellos que tengan un alto coeficiente intelectual, experiencia, conocimientos, o que cuestionen las decisiones de este jefe o líder, terminarán abandonando la empresa o el equipo.

A un jefe o líder dominante le corresponde un temperamento colérico. Así pues, sus fortalezas serán las de ser voluntarioso, independiente, práctico, productivo y decidido. Por el contrario, entre sus debilidades mostrará rasgos tales como irascibilidad, sarcasmo o impetuosidad, pudiendo ser, en su extremo, rencoroso y cruel.

D. Líder Influyente
El segundo tipo de estilo de liderazgo a estudiar es el influyente y corresponde a un tipo de liderazgo influyente, la dominancia I. Es un tipo de jefe o líder muy expresivo, cuyo lema afirma: «Vamos a hacerlo juntos». Su estrategia se basa en la influencia y la persuasión poniendo a disposición de sus colaboradores todos los materiales, herramientas y medios disponibles necesarios para hacer viable su visión o la de la empresa. Para lograr los objetivos tenderá a construir equipos, participar, colaborar y trabajar codo con codo con sus colaboradores. Normalmente trabajará a la perfección con personas que tengan altos conocimientos, mucha iniciativa y que estén implicadas al 100% en el proyecto. Además, será óptimo para entornos en los que haya que desarrollar la empresa o negocio a medio o largo plazo.

El líder de dominancia I tiene comportamiento influyente, está orientado a las personas, es persuasivo y propone: «Vamos a hacerlo juntos».

El temperamento sanguíneo es el que corresponde a un jefe o líder influyente. Entre sus fortalezas destacan que es influyente, persuasivo, expresivo, atento, cálido, amistoso, hablador, entusiasta y compasivo. En la otra cara de la moneda, la de las debilidades, encontraremos un jefe o líder indisciplinado, inestable, exagerado y, en ocasiones, egocéntrico.

I. Líder Sereno
El tercer estilo de liderazgo a estudiar es el del líder que tiende a cohesionar, la dominancia S. Su fortaleza son las relaciones humanas, para las que muestra una especial habilidad, y es aquel que dice: «Vamos a hacerlo de manera armoniosa». Tiene un estilo amable, que se podría definir como liderazgo democrático participativo. Suele crear un buen ambiente de trabajo, pero su principal debilidad es ese empeño en que las decisiones se tomen de manera democrática y contando absolutamente con todos. En entornos difíciles, cuando la empresa está en una situación económica o de viabilidad complicada, este tipo de liderazgo no es nada recomendable, como tampoco lo es en un entorno de cambios o en el que haya que innovar.

Para que este estilo funcione será necesario que el equipo esté constituido por colaboradores con altas capacidades, en el que todos tengan conocimientos similares, se encuentren en un mismo nivel y tomen las decisiones de forma coparticipativa.
El líder sereno es el de dominancia S. Introvertido, orientado a las personas y de comportamiento flemático, su lema es: «Vamos a hacerlo de manera armoniosa».

En las personas que ejercen un liderazgo democrático sobresale el temperamento flemático, ese que tiene como fortalezas ser tranquilo, confiable y diplomático. Sin embargo, también pueden aflorar sus debilidades y mostrarse ansioso, cobarde, indeciso, egoísta, autoprotector y tener serias dificultades para encontrar y aportar motivación.

C. Líder Concienzudo
El último estilo o tipo de liderazgo a estudiar es el concienzudo, el que tiene dominancia C. En él podemos encontrar a un jefe o líder muy analítico que se caracteriza por tener un pensamiento estratégico y que aspira a que sus colaboradores desempeñen sus funciones imitándole. Su paradigma es: «Vamos a hacer las cosas bien». Es un estilo de liderazgo perfeccionista, que busca que el equipo, la empresa o el negocio realicen las tareas de una manera determinada. El problema es que este tipo de líder tiende a buscar clones de sí mismo e intenta transformar a los demás a su imagen y semejanza, sin tener en cuenta la diversidad, lo que le va a impedir desarrollar o explotar al máximo las capacidades de sus colaboradores, de su equipo, empresa o negocio.

Un líder concienzudo es el de dominancia C. Orientado a las tareas, tiene un comportamiento melancólico y su paradigma es: «Vamos a hacer las cosas bien».

En el jefe o líder analítico predomina el temperamento melancólico, lo que normalmente lo lleva a comportarse como estratega, abnegado, trabajador y disciplinado. Sus debilidades le hacen mostrarse negativo, crítico, asocial, muy teórico, variable, susceptible, propenso a la persecución y maquiavélico.

El Metalíder
Hay que recordar que ninguna persona tiene un estilo único de comportamiento de personalidad y por tanto de liderazgo. La teoría DISC indica los que tenemos y en qué niveles, pero es conveniente resaltar que a medida que crecemos y evolucionamos, como personas, profesionales y líderes, debemos aprender a utilizarlos todos en su justa medida y en los momentos idóneos. Si aspiras a ser un metalíder debes ser consciente de que tienes que dominar los cuatro estilos o dominancias de comportamiento de personalidad para convertirte en un líder de alto desempeño, un metalíder, aquel que busca que sus colaboradores sean profesionales de alto rendimiento, responsables, capaces de pensar y actuar por sí mismos, proporcionándoles la motivación extrínseca y la autonomía necesarias para que sean capaces de dar su mejor versión personal y profesional. El metalíder trabaja a través de herramientas como el feedback, la asertividad, la escucha activa, la implicación, la motivación, el reto, el objetivo… El metaliderazgo te va a requerir estar totalmente implicado en el proyecto empresarial o de negocio en el que te encuentres inmerso, y que tus colaboradores te validen desde tus comportamientos de personalidad, competencias, habilidades y conocimientos.

Debes ser consciente de que tienes que conocer y manejar los cuatro estilos o dominancias de comportamiento de personalidad para convertirte en un líder de alto desempeño, en un metalíder.

Todos los estilos de liderazgo desde la teoría DISC son, en consecuencia, vitales. Cada uno tiene sus fortalezas y debilidades, vinculadas al jefe o líder y a las personas que lidera, así como al contexto y al entorno en el que se desarrolla el liderazgo. Esto provocará que, en algunos momentos, determinados estilos de liderazgo no sean eficaces y otros sí lo sean. Cuando la empresa, el equipo o el proyecto requieran un tipo de liderazgo específico, bien podrá contratarse a ese tipo de líder concreto o adaptarse el propio jefe o líder al cuadrante de liderazgo necesario.

En resumen. Todo el mundo, independientemente de su comportamiento de personalidad, tiene capacidad para liderar. Cada estilo lleva vinculado un tipo de liderazgo con características propias y diferentes al resto, algo intrínseco a la personalidad dominante. En dependencia de nuestro temperamento y carácter tendremos un estilo de liderazgo dominante u otro, y del jefe o líder dependerá lograr adaptarse a cada circunstancia para dar lo mejor de sí mismo y conseguir que su liderazgo sea un éxito. Con esfuerzo, perseverancia y los conocimientos adecuados todo es posible. Recuerda: El líder puede nacer. El metalíder, se hace.

Ignacio Campoy
CEO de Formación Universitaria

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