
Cuando unimos la palabra Inteligencia Artificial (IA) a términos como innovación, habitualmente viene a nuestra mente la imagen de esa gran corporación tecnológica, o gran multinacional, con departamentos de innovación del tamaño un campo de fútbol. Pensamos en la IA como si fuera una especie de lujo reservado a esas grandes empresas que cuentan con elevados presupuestos para su implantación y desarrollo. Nos resulta difícil asociar la imagen estereotipada de laboratorios futuristas, casi de película de ficción y propios de Silicon Valley, a provincias como Jaén, Almería, Huelva. Y de esta forma, una vez más, el relato de los que lideran y por supuesto cuentan los beneficios de la IA en el terreno empresarial, lo manejan desde entornos muy alejados de nuestra tierra. Pues he de decir que nada más injusto y alejado de lo que realmente está sucediendo con el tejido empresarial andaluz.
El relato de la inteligencia artificial asociado sólo a grandes empresas es incompleto y profundamente sesgado. Es más, si hay un territorio donde la IA puede marcar la diferencia y esta diferencia medirse de forma tangible es precisamente en la pequeñas y medianas empresas.
Andalucía es tierra de pymes, eso es incuestionable, pero también es tierra de emprendedores. Más del 95% de nuestro tejido industrial está formado por pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas de carácter familiar y arraigadas al territorio y con un profundo conocimiento de su sector. Pero también, y esto es significativo, Andalucía con su pujanza en la creación de empresas se consolida como el tercer motor económico de nuestro país, sólo por debajo de Cataluña y Madrid.
Según datos recogidos por los medios de comunicación, a principios de este año, la distribución territorial del emprendimiento en España apenas ha cambiado entre los años 2024 y 2026 y pese a una cierta desaceleración general en lo que se refiere al ritmo de emprendimiento, Andalucía mantiene intacta su aportación del 17%, lo que refuerza su posición como tercer polo de creación de sociedades en España.
En este contexto y con un mercado como el actual, de alcance global, sometido a rápidos e imprevistos cambios y cada vez más exigente, es donde precisamente la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada estratégica para todas nuestras pymes andaluzas. Porque esto de la IA no va de robots humanoides ni de ciencia ficción, sino de optimizar procesos, ahorrar tiempo, reducir costes y tomar mejores decisiones.
Tomemos como ejemplo una cooperativa agrícola que utiliza modelos predictivos para anticipar la demanda o ajustar el riego en función de datos climáticos. Lo que está haciendo es avanzar hacia una mayor eficiencia y sostenibilidad. Otro caso podría ser el de una empresa de logística que aplica algoritmos para diseñar y optimizar rutas. Lo que realmente está haciendo es ahorrar en combustible y emisiones. O por poner un último ejemplo, ese pequeño despacho profesional que automatiza tareas repetitivas para liberar horas de este tipo de asuntos y centrarse realmente en lo que de verdad aporta valor: el trato con el cliente.
Uno de los grandes mitos que todavía persisten es que la IA es cara y compleja. Lo fue inicialmente pero ya no lo es tanto. Existen soluciones accesibles, escalables y pensadas específicamente para pymes. Plataformas en la nube, modelos de suscripción, herramientas de análisis de datos “llave en mano” etc.. Es decir, la barrera tecnológica se ha reducido bastante, de forma drástica diría yo, pero en cambio el principal reto está en la barrera cultural, que todavía sigue ahí.
Y es que apostar por la Inteligencia Artificial no es solo una cuestión tecnológica; es una decisión estratégica. Implica preguntarse qué procesos se pueden mejorar, qué datos se están desaprovechando y cómo formar a las personas para trabajar con estas herramientas. Aquí entra en juego un factor clave: el talento. Andalucía cuenta con universidades, centros tecnológicos y profesionales altamente cualificados, la última la escuela especializada en Inteligencia Artificial, la IA Core School.
El desafío está en conectar ese talento con las necesidades reales de las pymes y evitar que la IA se perciba como una amenaza en lugar de como una oportunidad.
También hay una cuestión de competitividad territorial. Las pymes que antes integren la IA en su día a día estarán mejor preparadas para resistir crisis, adaptarse a cambios regulatorios o responder a nuevos hábitos de consumo. No es casualidad que muchas ayudas públicas, fondos europeos y programas de digitalización tengan ya a la Inteligencia Artificial como eje central. El mensaje es claro: quien no suba ahora al tren, llegará tarde.
La IA no va a sustituir a las pymes andaluzas. Pero las pymes andaluzas que sepan usarla sí sustituirán a las que no lo hagan.
La Inteligencia Artificial no es el futuro. Es el presente. Y en Andalucía, ese presente se juega en pequeño… para pensar en grande.
José Ignacio Ustaran
CEO de Core Networks









