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El OEA proyecta en su informe ‘Economía Andaluza. Primer Trimestre de 2026’ un crecimiento del PIB andaluz del 2,3% para el conjunto de 2026

El Observatorio Económico de Andalucía, con la colaboración de la Fundación Cámara, ha presentado el informe ‘Economía andaluza. Primer trimestre de 2026’, que además incluye una estimación actualizada del crecimiento de la economía andaluza. El OEA proyecta un crecimiento del PIB andaluz del 2,3% para el conjunto de 2026, tres décimas por encima de la estimación del trimestre anterior. La revisión se apoya en la dilución de los efectos del tren de borrascas y del accidente ferroviario de Adamuz, la menor inflación esperada en la segunda mitad del año, la buena evolución del empleo en construcción y la ejecución final de los fondos Next GenerationEU. Para 2027 se estima un crecimiento del 1,9%.

La economía andaluza creció un 0,7% intertrimestral y un 2,8% interanual en el primer trimestre de 2026, según el Indicador Sintético de Actividad (IOEA), superando en una décima al conjunto nacional (0,6% y 2,7%, respectivamente). La región consolida así su fase de crecimiento continuo, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica derivada del conflicto en Oriente Medio. El sector terciario actuó como principal catalizador, con un avance del 5,2% interanual en la cifra de negocios de los servicios (frente al 1,6% nacional), apoyado por el adelanto de la Semana Santa y el renovado vigor  de la construcción.

El mercado laboral mantuvo una dinámica excepcional. La EPA situó la ocupación en 3.617.900 personas (+141.800 interanuales) y la tasa de paro descendió hasta el 14,66%, con una reducción de 47.500 desempleados respecto a 2025. La afiliación a la Seguridad Social superó por primera vez los 3,6 millones de cotizantes en abril (3.602.282), con un avance del +2,29% interanual. La proporción de contratos indefinidos se mantiene en máximos históricos, consolidando la mejora en la calidad de la contratación tras la reforma laboral.

El IPC general repuntó hasta el 3,3% interanual en marzo, ligeramente por encima de la media española, impulsado por el encarecimiento de los componentes energéticos tras las tensiones en Oriente Próximo. La inflación subyacente se situó en el 2,8%, todavía por encima del objetivo del 2% del BCE.

Los precios de alimentación se moderaron hasta el 2,3%, mientras que el sector hotelero mostró capacidad de traslación de precios (IPH +5,75%). Los salarios pactados en convenio crecieron un 2,9%, lo que se traduce en una nueva pérdida de poder adquisitivo para parte de los trabajadores.

El sector exterior rompió la debilidad de trimestres anteriores. Las exportaciones andaluzas crecieron un 11,4% interanual en febrero, hasta los 3.829  millones de euros, frente a la contracción del 0,8% del conjunto nacional, con un superávit comercial regional de 630 millones. El despegue lo protagonizó la industria aeronáutica (+199%), con la entrega de más de 60 aeronaves. La industria manufacturera, sin embargo, mostró señales mixtas: el IPI general cayó un −1,6% interanual, lastrado por bienes intermedios y de consumo, aunque los bienes de equipo crecieron un notable +10,9%.

El OEA proyecta un crecimiento del PIB andaluz del 2,3% para el conjunto de 2026, tres décimas por encima de la estimación del trimestre anterior. La revisión se apoya en la dilución de los efectos del tren de borrascas y del accidente ferroviario de Adamuz, la menor inflación esperada en la segunda mitad del año, la buena evolución del empleo en construcción y la ejecución final de los fondos NextGenerationEU. Para 2027 se estima un crecimiento del 1,9%.

Estimación del crecimiento
El Indicador Sintético de Actividad de Andalucía del Observatorio Económico de Andalucía (IOEA) en el primer trimestre de 2026 registró un crecimiento del 0,7% intertrimestral respecto al trimestre inmediatamente anterior. Con este dato, la economía andaluza consolida su fase de crecimiento continuo, obteniendo una tasa interanual del 2,8%. Este comportamiento supone una tasa de crecimiento similar a los registros del trimestre previo (0,7% intertrimestral y 2,8% interanual en el cuarto trimestre de 2025), agregando una décima más que el registrado a nivel nacional, situados en el 0,6% intertrimestral y el 2,7% interanual.

El crecimiento del 0,7% evidencia la resiliencia de la economía regional, asegurando un dinamismo sólido en un contexto internacional marcado por una elevada incertidumbre geopolítica. Esta evolución responde a una combinación equilibrada de factores, destacando especialmente la extraordinaria fortaleza del mercado laboral. Esta inercia positiva se ha prolongado al inicio del segundo trimestre, donde los datos de afiliación a la Seguridad Social han marcado un nuevo hito histórico para la comunidad al superar por primera vez los 3,6 millones de cotizantes en abril (3.602.282), lo que representa un crecimiento interanual del 2,29%. Este vigor en la creación de empleo ha sido un pilar fundamental para sostener las rentas de los hogares y, por consiguiente, el consumo privado.

En cuanto a la diversificación y los motores de la demanda, el sector terciario sigue actuando como el principal catalizador de la actividad. Los Indicadores de Actividad del Sector Servicios (IASS) apuntan a un desempeño muy positivo, con un avance de la cifra de negocios del 5,2% interanual en febrero, situándose claramente por encima de la media nacional (1,6%). Ramas como la hostelería, impulsada por el efecto calendario de la Semana Santa y el adelanto de la campaña primaveral, junto con el renovado vigor del sector de la construcción, han liderado esta consolidación de la actividad andaluza frente a un panorama europeo más debilitado.

Inflación y salarios
Durante el primer trimestre de 2026, la evolución de los precios en Andalucía experimentó un repunte adicional que vuelve a situar las presiones inflacionistas en el centro del debate económico regional. El Índice de Precios al Consumo (IPC) general escaló hasta el 3,3% en el mes de marzo en tasa interanual, lo que confirma una ligera divergencia al alza respecto a la media española y rompe con la tendencia de moderación de los trimestres previos, influenciado principalmente por el encarecimiento de los componentes energéticos a raíz de las recientes tensiones geopolíticas en Oriente Próximo.

Por su parte, la inflación subyacente (que excluye alimentos no elaborados y productos energéticos) mostró un comportamiento algo más contenido, registrando un 2,8% interanual al cierre del trimestre. Aunque supone un ligero incremento respecto al mes anterior, la brecha de cinco décimas por debajo del índice general refleja que el actual choque de precios tiene un fuerte componente coyuntural ligado a la energía. No obstante, esta tasa subyacente permanece aún por encima del objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo, evidenciando que las presiones de precios estructurales no se han disipado por completo.

En el desglose sectorial, destaca positivamente el comportamiento de los precios de la alimentación y bebidas no alcohólicas. La inflación interanual de este grupo en Andalucía se moderó hasta situarse en el 2,3% en marzo, favorecida por la estabilización en los precios de productos frescos. Esta consolidación de la trayectoria descendente en la cesta de la compra supone un alivio directo para los presupuestos familiares andaluces, mitigando parcialmente el impacto de la subida energética.

En contraste, el sector turístico continúa mostrando una notable capacidad para trasladar precios en un contexto de demanda sólida. El Índice de Precios Hoteleros (IPH) en Andalucía experimentó una subida interanual del 5,75% en marzo, superando el avance nacional (4,5%). Esta fortaleza se reflejó también en la rentabilidad del sector, con una Tarifa Media Diaria (ADR) que rozó los 100 euros (99,49 €), un 5,9% más que en el mismo mes del año anterior, impulsada por el adelanto de la Semana Santa.

Finalmente, en materia salarial, los incrementos pactados en convenio se situaron en el entorno del 2,9% al cierre del primer trimestre. Esta cifra, al cruzarse con una inflación general del 3,3%, pone de manifiesto de nuevo la pérdida de poder adquisitivo para una parte de los trabajadores andaluces. Esta erosión de los salarios reales y la brecha existente entre el alza del coste de la vida y la actualización de rentas representa uno de los principales condicionantes para la evolución futura del consumo privado en la región.

El mercado de trabajo
El mercado laboral andaluz experimentó una evolución altamente positiva durante el primer trimestre de 2026, consolidando la notable fortaleza  observada a lo largo del año anterior y manteniendo nivelesde ocupación históricamente altos. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de ocupados alcanzó las 3.617.900 personas. Aunque esto supone un levísimo ajuste intertrimestral de 8.900 personas (-0,2%), derivado puramente del patrón estacional habitual tras el fin de la campaña navideña, en términos interanuales, la ocupación registra un dinamismo excepcional que confirma la robustez del mercado laboral regional en este inicio de año.

La creación neta de empleo fue especialmente intensa en la comparativa anual, con 141.800 nuevos ocupados respecto al mismo trimestre de 2025. Este aumento de puestos de trabajo consolida la tasa de empleo regional y reafirma la capacidad de la economía andaluza para continuar absorbiendo fuerza laboral, a pesar de las incertidumbres globales y del complejo entorno macroeconómico europeo, superando las expectativas iniciales para el ejercicio.

En el ámbito del desempleo, los datos también reflejan un comportamiento muy favorable. El número total de parados se situó en 621.700 personas, logrando una reducción de 1.100 desempleados (-0,2%) durante el trimestre. Esta caída intertrimestral resulta destacable al producirse en un período tradicionalmente adverso para el paro en la región. En términos interanuales, el desempleo se ha reducido en 47.500 personas, lo que ha permitido situar la tasa de paro en el 14,66%, confirmando su trayectoria descendente y alejándose progresivamente de los registros históricos de la comunidad.

Analizando la dinámica sectorial, este comportamiento refleja la transición propia del componente estacional del primer trimestre. La ligera pérdida de ocupación intertrimestral viene muy condicionada por la finalización de las campañas agrícolas invernales, como la de la aceituna. Sin embargo, este efecto ha sido ampliamente contrarrestado por el tirón del sector servicios, que experimentó un notable impulso al cierre del trimestre debido en buena parte al efecto calendario del adelanto de la Semana Santa y al inicio temprano de la temporada turística, sumado a una aportación estable del sector de la construcción.

En cuanto a las modalidades contractuales, el mercado andaluz mantiene la consolidación de la calidad en la contratación, un efecto prolongado de la reforma laboral. Del volumen total de asalariados, la proporción de contratos indefinidos se mantiene en máximos históricos frente a la reducción sistemática de la temporalidad, ofreciendo una mayor estabilidad a las rentas de las familias y reduciendo la volatilidad característica del mercado laboral de la región.

Finalmente, los registros administrativos de afiliación a la Seguridad Social corroboran plenamente esta evolución favorable diagnosticada por la EPA. Los últimos datos disponibles correspondientes a abril de 2026 confirman la aceleración de esta dinámica estacional: Andalucía ha superado por primera vez en su historia la barrera de los 3,6 millones de cotizantes (3.602.282), sumando 43.312 afiliados en el mes (+1,22%) e interanualmente 80.480 cotizantes (+2,29%). Este dinamismo primaveral, apoyado por las contrataciones en el sector servicios, avala la resiliencia del empleo como el motor central que está sosteniendo el crecimiento del PIB en la comunidad.

Por el lado de la demanda
La evolución de los componentes de la demanda durante el primer trimestre de 2026 mostró señales de consolidación y un dinamismo sostenido, apuntalando el crecimiento regional. La demanda interna mantuvo un impulso robusto, actuando como el pilar fundamental que ha permitido a la economía andaluza sortear las incertidumbres del entorno internacional y converger con la media nacional de crecimiento, mostrando un balance altamente positivo en prácticamente todos sus agregados.

El consumo privado consolidó su papel como principal motor de crecimiento, respaldado por la fortaleza de la creación de empleo descrita anteriormente.  Los indicadores adelantados de demanda confirman este tono favorable; en concreto, el índice de comercio al por menor registró un crecimiento del 4,8% interanual en el mes de marzo, situándose tan solo a un 0,1 puntos por encima del dato nacional (4,7%). Destaca también la matriculación de turismos, un claro indicador del consumo duradero y la confianza de los hogares, que experimentó un incremento del 18,7% interanual en marzo, cerrando el trimestre con un avance acumulado del 13,0%.

La inversión, por su parte, continuó mostrando un comportamiento muy positivo. Aunque es un indicador indirecto de la inversión, el Índice de Producción Industrial (IPI) de bienes de equipo anotó un espectacular crecimiento del 10,9% interanual en los últimos datos cerrados correspondientes a febrero. Esta extraordinaria fortaleza en la inversión en capital productivo revela que el tejido empresarial andaluz mantiene sus planes de expansión y mejora de la competitividad, un síntoma inequívoco de confianza empresarial a medio plazo.

En cuanto a la construcción, el sector aporta señales de estabilidad y actividad sostenida. Tras digerir las turbulencias de los tipos de interés en ejercicios previos, la edificación —tanto residencial como no residencial (vinculada a la inversión empresarial)— mantiene una aportación constante al PIB regional. Aunque indicadores como la licitación oficial continúan mostrando su tradicional volatilidad, la recuperación del empleo en este sector confirma que la actividad constructora sigue siendo un complemento sólido a los servicios.

Finalmente, el turismo, componente fundamental de la demanda regional, mostró un comportamiento destacado impulsado por el efecto calendario. El adelanto por parte de los turistas a la campaña de Semana Santa al mes de marzo se ha traducido en una afluencia elevada de viajeros alojados y pernoctaciones, consolidando a Andalucía como destino de referencia. Esta fortaleza diferencial del turismo no solo ha sostenido el empleo en la hostelería, sino que ha irradiado sus efectos positivos al resto de la cadena de valor de los servicios y el consumo en la comunidad.

Por el lado de la oferta
La evolución de los sectores productivos durante el primer trimestre de 2026 mostró un comportamiento diferenciado que refleja tanto la resiliencia estructural de la economía andaluza como las desiguales dinámicas sectoriales frente al entorno macroeconómico. En líneas generales, la evolución del sector exterior y el empuje del sector terciario lograron compensar con creces la atonía que todavía arrastra el grueso de la rama industrial, permitiendo a la oferta regional sostener el crecimiento.

La industria manufacturera presentó señales contradictorias durante el trimestre, muy condicionadas por la evolución europea. El Índice de Producción Industrial (IPI) general en Andalucía registró una disminución del -1,6% interanual en febrero y mayor que el nacional, donde el descenso se quedó en el -1,1%. Esta caída podría haber sido mayor sin la evolución dinámica de los bienes de equipo, que experimentaron un notable crecimiento del 10,9%, contrarrestando la debilidad en la producción de bienes intermedios (-8,6%) y de consumo (-3,3%).

Esta dualidad industrial se traslada de forma más evidente a la facturación empresarial. El índice de cifra de negocios en la industria anotó una caída del 4,2% en febrero respecto al mismo mes del año anterior. Esta contracción en la facturación, superior a la caída de la producción física, apunta a un impacto directo del abaratamiento de los precios industriales (especialmente en bienes intermedios y energéticos respecto al año previo) y a un ajuste en los márgenes provocado por la debilidad de la demanda externa continental, lo que requiere un seguimiento cercano de su evolución.

Por el contrario, el sector servicios mantuvo un desempeño positivo. El Índice de Cifra de Negocios del Sector Servicios (IASS) en Andalucía anotó un avance interanual del 5,2% en el mes de febrero, distanciándose de forma significativa de la media española, que se quedó en un exiguo 1,6%. Ramas como la hostelería, apoyadas en el extraordinario comportamiento de la actividad turística y el adelanto de la campaña de primavera, continúan siendo el principal sostén de los servicios, asegurando niveles récord de ocupación en la comunidad.

En el ámbito del sector exterior, Andalucía ofreció un comportamiento positivo durante el arranque del año, rompiendo con la debilidad de los trimestres precedentes. Las exportaciones andaluzas aumentaron un 11,4% interanual en febrero, alcanzando los 3.829 millones de euros, en contraste con la contracción del 0,8% que experimentó el conjunto de las ventas españolas al exterior. Este avance estuvo protagonizado por el despegue de la industria aeronáutica, que triplicó sus ventas (+199%) impulsada por la entrega de más de 60 aviones, entre A320, A350, A220 y A330. El dinamismo exportador, sumado a una caída del 8% en las importaciones, arrojó un superávit comercial regional de 630 millones de euros.

Finalmente, el sector de la construcción mantuvo una actividad estable, coherente con las señales positivas emitidas desde el lado de la demanda en el  plano de la edificación (ventas e hipotecas). Las empresas del sector han logrado afianzar sus plantillas, lo que confirma que el ladrillo andaluz se  ha adaptado al nuevo escenario de tipos de interés, consolidando un ritmo de ejecución de obra que complementa de forma equilibrada el avance del sector terciario.

Previsiones y contexto macroeconómico
La economía mundial afronta el segundo trimestre de 2026 en un entorno marcado por la reconfiguración de los flujos comerciales y energéticos tras el  agravamiento de las tensiones geopolíticas, en particular por el conflicto abierto en Oriente Medio. Estas presiones se han trasladado a las materias primas energéticas y a los costes logísticos, si bien la actividad global mantiene, por el momento, una senda de crecimiento positiva. Con todo, el ritmo de actividad se desacelera respecto al bienio2024-2025 —en el que el crecimiento mundial se situó próximo al 3,4%— y la combinación de tensiones inflacionistas reactivadas, condiciones financieras restrictivas durante más tiempo del previsto y fragmentación comercial creciente configura un escenario en el que los márgenes de actuación de la política económica son más estrechos que en ciclos anteriores.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO) publicado el 14 de abril de 2026, proyecta un crecimiento mundial del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, bajo el supuesto de que el conflicto en Oriente Medio mantenga un alcance limitado. Estas cifras suponen una revisión a la baja de dos décimas para 2026 respecto a la actualización de enero (3,3%) y se sitúan claramente por debajo del promedio prepandemia. La inflación global se revisa al alza hasta el 4,4% para 2026, frente al 3,8% anterior, reflejando el impacto del encarecimiento de las materias primas energéticas. En todo caso, la heterogeneidad regional sigue siendo notable. Mientras las economías avanzadas mantienen ritmos relativamente próximos a su potencial gracias al consumo y a la inversión vinculada a tecnología y defensa, las economías emergentes y en desarrollo concentran tanto la desaceleración del crecimiento como el repunte de los precios, condicionadas por su mayor dependencia energética y por unas condiciones de financiación más estrictas.

El balance de riesgos se mantiene inclinado a la baja. El FMI plantea un escenario alternativo en el que el crecimiento global se reduciría al 2,5% y la inflación se aceleraría hasta el 5,4%, y un escenario severo —con daños persistentes sobre infraestructuras energéticas o un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz— en el que el crecimiento caería al 2% y la inflación superaría el 6% en 2027. Más allá del conflicto en Oriente Medio, otros factores condicionan el escenario central, como son el agravamiento de la fragmentación geopolítica, las dudas sobre la sostenibilidad del impulso de la productividad asociada a la inteligencia artificial y la posible reactivación de las tensiones comerciales arancelarias. A ello se suma una posición fiscal más débil en muchas economías avanzadas, con niveles elevados de deuda pública y un creciente gasto en defensa que reduce el margen para responder a futuras perturbaciones.

Aterrizando en este complejo contexto global, persisten desafíos significativos que introducen factores de riesgo más directos para los próximos trimestres. Las crecientes tensiones en Oriente Próximo, al trasladarse a los precios energéticos, amenazan con consolidar el repunte en las tasas de inflación y provocar una posible erosión de los salarios reales, si estos no logran compensar dichas subidas de precios. Asimismo, la debilidad mostrada por algunas de las principales economías de la Eurozona podría condicionar de manera tangible el empuje del sector exterior andaluz a medio plazo, exigiendo mantener un seguimiento constante sobre la evolución de las exportaciones y la competitividad de las manufacturas regionales.

Estados Unidos
En este contexto, la economía estadounidense atraviesa una fase de ajuste tras varios trimestres de crecimiento por encima del potencial. El FMI proyecta para 2026 un avance del 2,3%, dos décimas por encima del registrado en 2025 (2,1%), lo que apunta a ligera aceleración compatible con el escenario que la Reserva Federal ha venido persiguiendo. Las propias proyecciones de la Fed, actualizadas en marzo, son ligeramente más optimistas y sitúan el crecimiento del PIB en el 2,4% en 2026, una décima por encima de su estimación de diciembre.

El mercado laboral, principal soporte del ciclo expansivo, comienza a mostrar señales de normalización, con menor tensión en las vacantes y una moderación gradual de las ganancias salariales, sin que se observe destrucción neta de empleo. La tasa de desempleo se ha situado en el 4,3% en abril, sin apenas variación respecto a los meses anteriores, con un ritmo de creación de empleo más contenido (alrededor de 115.000 nuevos puestos en el mes). La inflación, por su parte, aumentó en el mes de abril hasta el 3,8%, la mayor tasa interanual desde 2023. En cuanto a la subyacente esta repuntó hasta el 2,8%, lo que llevará a la Reserva Federal a aplazar y atenuar sus expectativas de recortes de tipos, consolidando una estrategia de tipos más altos durante más tiempo. La demanda interna y la menor dependencia energética actúan como factores que limitan la transmisión de los choques externos  que sí afectan con mayor intensidad a Europa.

En cuanto a la política monetaria, en su reunión de abril, la Reserva Federal mantuvo el tipo objetivo de los fondos federales en el rango del 3,5%-3,75% por tercera reunión consecutiva, con una votación no unánime que reflejó una división creciente en el seno del Comité Federal de Mercado Abierto entre partidarios de mantener los tipos hasta final de año y partidarios de iniciar recortes. Las proyecciones actualizadas elevan la inflación para 2026 hasta el 3,2-3,4%%, mientras la subyacente se situará en el entorno del 2,1-2,7%., reflejando el impacto del encarecimiento de la energía y los costes vinculados a los aranceles. Pese a ello, la mediana de las proyecciones del propio comité mantiene la previsión de un único recorte de 25 puntos básicos en 2026 y otra rebaja del mismo calibre en 2027. La principal incógnita reside en la evolución de la inflación de bienes a medida que se diluyan los efectos arancelarios, así como en la respuesta de la política monetaria ante un eventual deterioro del mercado laboral, en un contexto en el que se ha llevado a cabo el relevo  en la presidencia de la Fed.

China
La economía china evidencia en el inicio de 2026 una dualidad estructural que refleja su transición hacia un modelo apoyado en manufacturas avanzadas y menor protagonismo de la construcción. La actividad ha registrado un repunte impulsado por un sector exterior que sigue ganando cuota en mercados tecnológicos clave —vehículos eléctricos, energías renovables y componentes de alto valor añadido— y que ha redirigido parte de sus flujos hacia el Sur Global, atenuando el impacto de los aranceles occidentales. Este reposicionamiento se ha visto facilitado por el deshielo parcial en las relaciones comerciales con Estados Unidos y por una reducción selectiva de aranceles efectivos sobre determinados productos chinos.

Esta expansión exportadora contrasta con una demanda interna que continúa contenida. El sector inmobiliario, históricamente motor del crecimiento, permanece en un prolongado proceso de desapalancamiento que limita el consumo de los hogares por el efecto riqueza negativo. Los precios de la vivienda mantienen una trayectoria descendente —con caídas próximas al 5% en 2025 y estancamiento previsto para 2026, según estimaciones de mercado— y la inversión en activos fijos acumuló retrocesos interanuales en los últimos meses de 2025, arrastrada por el componente residencial. Las ventas minoristas han registrado los niveles más débiles desde finales de 2022, lo que refleja la cautela del consumidor en un contexto de desempleo juvenil elevado y crecimiento salarial moderado.

Ante este panorama, el Gobierno chino ha intensificado los estímulos. La Conferencia Central de Trabajo Económico de diciembre confirmó el recurso al impulso fiscal como herramienta principal de gestión macroeconómica en 2026, con un déficit presupuestario expansivo, refuerzo del gasto social y apoyo a la inversión en vivienda. El FMI, en su WEO de abril, proyecta un crecimiento del 4,4% en 2026 (revisado al alza dos décimas respecto a octubre, aunque una décima por debajo de enero) y del 4,0% en 2027. El Banco Mundial sitúa su previsión también en torno al 4,4% para 2026. El horizonte de medio plazo aparece condicionado por factores estructurales de fondo: una demografía adversa con caída de la población en edad de trabajar, un crecimiento de la productividad limitado, un elevado endeudamiento de los gobiernos locales y la persistencia de fricciones comerciales con las economías occidentales que limitan el potencial exportador a largo plazo.

Zona Euro
La eurozona transita el primer trimestre de 2026 por una fase de debilidad acentuada por su exposición al choque energético derivado del conflicto en Oriente Medio y por su dependencia del comercio exterior. El FMI prevé un crecimiento del 1,1% para 2026, frente al 1,3% estimado en enero, situando a la región como la zona más rezagada entre las economías avanzadas. La inflación, lejos de la senda de moderación prevista a finales de 2025, repuntó hasta el 3,0% en abril, con una subyacente en el 2,2%, en un contexto en el que la actividad apenas avanzó un 0,8% interanual en el primer trimestre de 2026.

El núcleo continental atraviesa un periodo de dificultad. Alemania mantiene los problemas de competitividad de su sector manufacturero y automovilístico, agravados por la pérdida de peso del modelo industrial frente a la competencia china en sectores estratégicos como la automoción. Los principales institutos económicos alemanes han revisado a la baja sus previsiones de crecimiento para 2026 hasta el 0,6%, menos de la mitad del 1,3% estimado en otoño, con un déficit fiscal que escalaría al 3,7% delPIB. El plan extraordinario de inversión en infraestructuras y defensa de 500.000 millones  de euros aportará un impulso coyuntural, aunque los analistas coinciden en que no resuelve los problemas estructurales de fondo. Francia, por su parte, afronta desequilibrios fiscales —con una deuda pública cercana al 117% del PIB y un pago anual de intereses próximo a los 65.000 millones de euros— y tensiones políticas que condicionan la inversión y el crecimiento, si bien el INE francés prevé un avance superior al 1% para 2026, una décima mejor de lo anticipado.

Los datos del PMI compuesto de abril de 2026 publicados por S&P Global ilustran esta divergencia. El flash del agregado de la zona euro retrocedió hasta los 48,6 puntos (frente a 50,7 en marzo), su nivel más bajo en diecisiete meses y la primera lectura en zona de contracción tras dieciséis meses de expansión, con un retroceso concentrado en el sector servicios (47,4). En Estados Unidos, el PMI compuesto se situó en 51,7 puntos, en zona de expansión moderada. Los datos nacionales muestran a Alemania (48,3) y Francia (47,6) en zona de contracción, mientras que España (48,7) se mantiene por encima del agregado europeo, aunque también próxima al umbral de los 50 puntos. El diferencial refleja el desplazamiento del centro de gravedad del crecimiento europeo desde el núcleo industrial hacia la periferia con mayor peso de los servicios. La encuesta también señala una marcada aceleración de las presiones inflacionistas: los costes de los insumos crecieron a su mayor ritmo desde finales de 2022 y los precios de venta alcanzaron máximos de treinta y siete meses, anticipando una transmisión más persistente del choque energético a precios finales.

En este escenario, el Banco Central Europeo mantuvo en su reunión del 30 de abril los tipos de interés sin cambios por tercera reunión consecutiva, con el  tipo de la facilidad de depósito en el 2% y el de las operaciones principales de financiación en el 2,15%. Las proyecciones de marzo revisaron al alza la inflación media esperada para 2026 hasta el 2,6%, con una subyacente del 2,3%, atribuyendo el repunte al encarecimiento de los precios de la energía vinculado al conflicto en Oriente Medio. La presidenta del BCE ha descrito un escenario cambiante ante un choque «importante» y «severo», lo que ha llevado al mercado a reconfigurar sus expectativas: las posibles bajadas de tipos previstas a comienzos de año han dado paso a una expectativa de pausa prolongada, e incluso a la consideración de eventuales subidas si las presiones inflacionistas persisten. El BCE se enfrenta así a un dilema clásico de  política monetaria ante un choque de oferta, con riesgos al alza sobre los precios y a la baja sobre el crecimiento.

España
España consolida en el primer trimestre de 2026 una posición diferenciada respecto al conjunto de la zona euro. Según el avance de la Contabilidad Nacional Trimestral publicado por el INE el 30 de abril, el PIB creció un 0,6% intertrimestral y un 2,7% interanual, acelerando una décima respecto al cierre de 2025, por lo que el contraste con el resto de grandes economías del euro resulta, una vez más, llamativo.

La composición del crecimiento confirma el protagonismo de la demanda interna, que aportó 3,4 puntos porcentuales al avance interanual del PIB. El consumo de los hogares aceleró su tasa hasta el 3,2% interanual, impulsado por la creación de empleo y la mejora de las rentas reales, mientras que la formación bruta de capital registró un avance del 5,8%, favorecido por la ejecución de los fondos Next Generation y por una inversión residencial que comienza a reflejar el repunte de los visados de obra nueva. El gasto de las Administraciones Públicas se moderó hasta el 2,0%. Por el contrario, la demanda externa restó 0,7 puntos al crecimiento, con unas exportaciones que se desaceleraron hasta el 0,9% interanual (2,8 puntos menos que en el trimestre precedente) acusando la debilidad de los socios europeos y las perturbaciones logísticas vinculadas al conflicto en Oriente Medio. En tasa intertrimestral, las exportaciones retrocedieron un 0,5%.

Los factores que sostienen este comportamiento son varios. El mercado laboral ha mantenido la afiliación a la Seguridad Social en máximos históricos, con  un crecimiento interanual del empleo en términos de ocupados equivalentes a tiempo completo del 2,8%. La remuneración media por asalariado creció un 3,8% interanual, aunque con una moderación de cinco décimas respecto al trimestre anterior.

El sector turístico ha ampliado su demanda hacia segmentos de mayor valor añadido. Así, en 2025, España recibió 97 millones de turistas internacionales y un gasto récord de 135.000 millones de euros, y los datos de enero-febrero de 2026 mantienen el ritmo, con 15.411 millones de euros gastados, un 6,9% más que en el mismo periodo del año anterior, con solo un 2% más de visitantes. Los informes de Turespaña para la campaña de verano de 2026 prevén un crecimiento moderado pero sostenido, con ganancia de peso de mercados de largo radio y alto gasto como son Estados Unidos, China o Brasil, frente a la mayor prudencia de los emisores europeos tradicionales.

En el lado de las vulnerabilidades, la inflación ha repuntado con intensidad por el efecto energético. El IPC se situó en el 3,4% interanual en marzo y en el 3,2% en abril, con un componente subyacente que se mantiene más contenido, pero sin que se disipe la presión de los costes de los insumos. Por ejemplo, la AIReF prevé un IPC medio del 3,2% para 2026, 1,2 puntos por encima de su previsión de enero mientras que el Banco de España la sitúa en el 3,0%. Mientras, el déficit público continúa como un desequilibrio estructural relevante.

En cuanto a las previsiones, las principales instituciones confirman que el diferencial respecto a Europa se mantendrá durante 2026, aunque el abanico de estimaciones se ha abierto respecto a principios de año. El Banco de España, en su informe trimestral de marzo de 2026, sitúa el crecimiento del PIB en el 2,3% para 2026 —una décima por encima de su estimación de diciembre—, tras incorporar un efecto negativo del conflicto en Oriente Medio estimado en –0,4 puntos, parcialmente compensado por el estímulo fiscal del Gobierno (+0,3 puntos); la inflación media prevista se eleva al 3,0%. La AIReF, en su actualización del 15 de abril, proyecta también un 2,3% de crecimiento y una inflación del 3,2%. Estas proyecciones se sitúan por encima del 2,1% que el FMI mantiene para España en su WEO de abril.

Esade EcPol sitúa el crecimiento al final de 2026 en una horquilla entre el 2,1 y el 2,3% a la espera de la evolución del conflicto de Oriente Medio. En el extremo inferior del consenso, Bankinter prevé un crecimiento del 1,9%, señalando que el repunte de la inflación restará impulso al consumo privado y que el sector exterior mantendrá una contribución ligeramente negativa. CaixaBank Research, por su parte, proyecta un 2,4%, apoyándose en el efecto arrastre del cierre de 2025 y en un escenario en el que la demanda interna —consumo e inversión, esta última impulsada por el último año de vigencia de los fondos NGEU— seguirá siendo el principal motor. La CEOE estima un 2,3%, con un cambio en la composición del crecimiento: mayor peso de la demanda nacional y menor contribución exterior.

Para el resto de 2026, el principal factor condicionante, como se ha avanzado, será la evolución del conflicto en Oriente Medio y su transmisión a los precios de la energía y a la confianza empresarial. El inicio de año ha mostrado una ligera tendencia de ralentización en términos intertrimestrales (0,6% en el primer trimestre frente al 0,8% del cuarto de 2025), aunque menor de lo esperado. En todo caso, la composición sectorial sigue favoreciendo a la economía española, con un sector turístico que se beneficia del efecto refugio derivado de la inestabilidad en destinos próximos a la zona de conflicto, y un gasto en defensa —que asciende al 2,0% del PIB— que aportará un impulso industrial relevante en comunidades con presencia aeronáutica. En sentido contrario, la debilidad de la demanda europea limita las exportaciones de bienes, el encarecimiento de la energía presiona sobre los márgenes empresariales y la productividad aparente del trabajo continúa estancada, lo que constituye una limitación estructural para la sostenibilidad del crecimiento a medio plazo.

Andalucía
Las perspectivas para la economía andaluza durante 2026 apuntan a un escenario de crecimiento sostenido, en línea con el ritmo nacional, aunque condicionado por factores específicos de la región. Tras superar en una décima el crecimiento nacional, Andalucía parte de una base que le puede permitir aprovechar las sinergias del crecimiento actual y del contexto nacional. El segundo semestre estará determinado, en buena medida, por la capacidad de los motores internos —turismo, industria aeronáutica, construcción y consumo privado— para compensar los riesgos que se concentran en el frente externo y en la evolución de los precios.

La composición sectorial del crecimiento andaluz presenta rasgos diferenciados. El turismo, que representa aproximadamente un 12% del PIB regional, afronta 2026 con perspectivas de crecimiento moderado pero sostenido: Exceltur prevé un avance del PIB turístico del 2,2% en el segundo trimestre, y los informes de Turespaña para la campaña de verano señalan que la región se beneficiará, al igual que España, del efecto refugio frente a destinos próximos a la zona de conflicto, así como de la creciente conectividad con mercados de largo radio —la capacidad aérea programada entre China y España crece un 41,7% interanual para primavera-verano—, mercados que presentan un gasto medio por visitante superior al del turista europeo tradicional. No obstante, la demanda de los emisores europeos, particularmente de Alemania y Francia, muestra mayor cautela, condicionada por el deterioro de la actividad en esos países.

Por el lado industrial, el incremento del gasto europeo en defensa —que asciende al 2,0% del PIB en España, con perspectiva de alcanzar el 3,5% a medio  plazo— aportará un impulso a la actividad aeronáutica concentrada en Sevilla y Cádiz. La industria aeroespacial andaluza exportó 2.813 millones de euros en 2024, un 34% más que el año anterior, la mayor aportación del sector a la balanza comercial regional desde que se tienen registros. La Confederación de Empresarios de Andalucía y el clúster Andalucía Aerospace han situado el sector como una oportunidad de diversificación productiva y generación de empleo de alta cualificación. Además, la inversión residencial muestra señales positivas mientras la obra pública ligada a infraestructuras hidráulicas y a la ejecución del Plan de Recuperación refuerza que la formación bruta de capital acabará el año con avances significativos. En este último ámbito, 2026 es el año de cierre de la ejecución de los fondos Next Generation, lo que favorecerá la ejecución, con una Junta de Andalucía que ya habría activado el 86% de los 3.760 millones asignados, muchos concentrados en rehabilitación de vivienda, digitalización, movilidad urbana y formación profesional.

En el lado contrario, los principales riesgos para la segunda mitad del año se sitúan en el frente de precios y en el canal exterior. El repunte inflacionista puede tener un mayor impacto relativo sobre el consumo andaluz, dada la menor renta per cápita regional, especialmente si la presión sobre los alimentos se agudiza por tensiones climáticas o logísticas. A ello, se suma el riesgo de que la debilidad industrial alemana y francesa termine afectando a las exportaciones andaluzas de bienes intermedios, agrícolas y semimanufacturados. La productividad aparente del trabajo continúa estancada, lo que constituye una limitación estructural para la sostenibilidad del crecimiento a medio plazo.

Por todo ello, y para el conjunto de 2026, el OEA proyecta un crecimiento del PIB andaluz del 2,3%, tres décimas superior a la estimación realizada en el trimestre anterior, una vez diluidos los efectos del tren de borrascas de principios de año y del accidente ferroviario de Adamuz. Esta previsión se apoya en la menor inflación esperada para la segunda mitad del año, el repunte de las rentas salariales, la buena evolución del empleo en construcción, la inversión canalizada por los fondos europeos en su último año de vigencia y unos presupuestos autonómicos expansivos. De confirmarse, el PIB andaluz cerraría 2026 aproximadamente un 12% por encima del nivel previo a la pandemia, en una trayectoria de gradual convergencia hacia la media nacional. La evolución del conflicto en Oriente Medio y su transmisión a los costes energéticos y a la confianza empresarial constituyen el principal factor condicionante del escenario para los próximos trimestres. Asimismo, para 2027 la estimación del crecimiento se sitúa en el 1,9%, similar a las realizadas para el conjunto de España.

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