
Recientemente se ha presentado el informe ‘Economía Andaluza. Primer Trimestre de 2025’ que elaboran el Observatorio Económico de Andalucía y la Universidad Pablo Olavide, en colaboración con la Fundación Cámara de Sevilla.
Estimación del crecimiento
Según el Indicador Sintético de Actividad de Andalucía del Observatorio Económico de Andalucía (IOEA), la economía andaluza experimentó un crecimiento intertrimestral del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,6% en el primer trimestre de 2025, el mismo crecimiento que el publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el PIB español. Con esta tasa, el crecimiento interanual para el primer trimestre de 2025 es del 3,2 %, cuatro décimas superior al estimado para España, pero seis inferior al del cuarto trimestre de 2024.
Este comportamiento se debe fundamentalmente a dos factores: por un lado, una peor evolución del turismo en el inicio del año y su efecto en el PIB andaluz, dado el mayor peso relativo del sector turístico en la estructura productiva regional, pero que ha sido compensado por un buen comportamiento del empleo, que ha influido en la evolución del consumo privado y, que a su vez, se ha visto apoyado por una evolución positiva de la inversión, en particular, en edificación y en la industria.
Inflación y salarios
Durante el primer trimestre de 2025, la inflación en Andalucía ha mantenido una tendencia moderada, situándose en niveles similares a la media nacional. El Índice de Precios al Consumo (IPC) general en Andalucía se situó en marzo en el 2,4%, una décima por encima del dato nacional. Este comportamiento se reproduce también en la inflación subyacente, donde Andalucía registra un 2,1% frente al 2,0% de España, lo que confirma que la evolución de los precios se mantiene dentro de los objetivos marcados por el Banco Central Europeo.
Por grupos de gasto, destaca el comportamiento de los precios de la alimentación y bebidas no alcohólicas, que aumentaron un 2,0% interanual en Andalucía, cuatro décimas menos que la media española. Esta evolución resulta especialmente positiva considerando que durante 2023 y buena parte de 2024 este grupo había sido uno de los principales impulsores de la inflación, tanto en la región como a nivel nacional. La moderación en los precios de los alimentos ha contribuido significativamente a contener la inflación general, aliviando la presión sobre los presupuestos familiares.
También merece reseñarse el comportamiento deflacionario de los servicios turísticos, con caídas en el índice de precios hoteleros (-3,8%), en la tarifa media diaria (-2,6%) y en los ingresos por habitación disponible (-4,7%), en claro contraste con la evolución nacional, donde estos mismos indicadores registran aumentos del 3,2%, 4,9% y 5,4%, respectivamente. Esta divergencia responde probablemente a un ajuste del sector ante la moderación de la demanda turística a inicios de 2025, tratando de mejorar su competitividad.
Respecto a los salarios, los datos disponibles reflejan un aumento salarial pactado en convenio del 2,60% para Andalucía, notablemente inferior al 3,35% nacional. Esta diferencia, unida a la inflación ligeramente superior en la región, implica que los salarios reales de los trabajadores andaluces podrían estar experimentando una pequeña pérdida de poder adquisitivo, que entra en el margen de error de las estimaciones de ambos números, a diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, donde el incremento salarial supera en casi un punto a la inflación.
El mercado de trabajo
El mercado laboral andaluz ha mostrado un comportamiento mixto durante el primer trimestre de 2025, con señales positivas en términos interanuales pero mostrando un cierto deterioro respecto al trimestre anterior. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de ocupados alcanzó las 3.476.100 personas, lo que supone un notable incremento interanual del 2,9% (98.500 ocupados más), superando ligeramente el crecimiento estimado para la economía española en el mismo período. Sin embargo, respecto al trimestre anterior, el empleo experimentó una ligera contracción del 0,4% (12.300 ocupados menos), evidenciando cierta estacionalidad que afecta tradicionalmente a los primeros meses del año y muy posiblemente por la celebración tardía de la Semana Santa.
La evolución sectorial del empleo muestra un comportamiento claramente diferenciado. El sector agrícola experimentó el mayor crecimiento, con un aumento de 20.400 empleos respecto al trimestre anterior, reflejo de la estacionalidad propia de las actividades agrarias en este período. Por el contrario, los servicios perdieron 31.600 empleos, la industria retrocedió en 800 ocupados y la construcción en 300, confirmando el patrón habitual de menor actividad en estos sectores durante el primer trimestre.
En cuanto al desempleo, se registraron 669.200 personas paradas, lo que representa un aumento del 2,5% respecto al trimestre anterior (16.500 parados más). Este incremento, sin embargo, contrasta con la notable reducción interanual del 8,3% (60.900 parados menos), evidenciando la tendencia positiva a medio plazo. La tasa de paro se situó en el 16,1%, aumentando 0,4 puntos respecto al trimestre anterior, pero disminuyendo significativamente (1,6 puntos) en términos interanuales. Este comportamiento favorable a largo plazo está permitiendo una progresiva aproximación, aunque todavía insuficiente, a la tasa de paro nacional, que se mantiene 4,7 puntos por debajo de la andaluza.
En modalidades de contratación, se observa una reducción tanto de los contratos temporales (-4,2%, 23.800 menos) como de los indefinidos (-0,4%, 8.800 menos), mientras que el empleo por cuenta propia aumentó en 20.400 personas. Esto sugiere un posible desplazamiento hacia el autoempleo como alternativa ante la reducción de oportunidades de trabajo asalariado.
Un dato especialmente positivo es la reducción de los hogares con todos sus miembros activos en paro, que disminuyeron un 6,5% respecto al trimestre anterior y un 14,3% en términos interanuales, situándose en 215.500. Esta evolución refleja el impacto positivo de la creación de empleo en la reducción de situaciones de vulnerabilidad familiar.
Los datos de afiliación a la Seguridad Social confirman la tendencia positiva en el empleo andaluz. El número de afiliaciones en marzo de 2025 fue de 3.489.214, un 1,6% más que en marzo de 2024, correspondientes a 3.349.448 afiliados. Destaca especialmente el crecimiento de trabajadores autónomos, que ya representan el 16,7% del total de afiliaciones en la comunidad. Por sectores, se observa un crecimiento anual en servicios (1,8%), construcción (4,5%) e industria (2,8%), mientras que la agricultura experimentó un descenso del 1,5%. Los trabajadores extranjeros, que representan el 11,3% del total de afiliaciones, mostraron un dinámico crecimiento del 6,4% interanual, significativamente superior al 1,0% registrado entre los trabajadores de nacionalidad española.
Por el lado de la demanda
Durante el primer trimestre de 2025, la demanda interna se ha convertido en el principal motor de crecimiento de la economía andaluza, mientras que el sector exterior muestra un comportamiento menos dinámico. El consumo de los hogares ha experimentado una notable recuperación, como evidencia el aumento del 3,4 % en el Índice de Comercio al por Menor, similar al registrado a nivel nacional. Esta evolución positiva se ve confirmada por el significativo aumento en la matriculación de turismos, que creció un 19,2% interanual en marzo, aunque por debajo del 24,4% registrado en el conjunto de España.
Este dinamismo del consumo privado se caracteriza por un patrón de gasto claramente diferenciado según categorías de productos. Mientras el consumo de alimentación crece moderadamente (2,6%), el resto de los productos muestra un comportamiento mucho más expansivo, lo que refleja un cambio en las prioridades de gasto de las familias andaluzas, posiblemente vinculado a la recuperación de su capacidad adquisitiva tras la moderación de la inflación.
Particularmente significativa, y en contra de lo anterior, es la evolución de las ventas en grandes superficies, que registran una contracción del 3,3 % en febrero, contrastando con el crecimiento del comercio minorista en general. Al analizar los datos desagregados, se observa además una nítida distinción, de nuevo, entre el comportamiento de las ventas de alimentación en grandes superficies, que experimentan mayor debilidad, y las ventas de otros productos, donde el consumo muestra más vigor.
En cuanto al consumo de los no residentes, los datos reflejan un comportamiento preocupante durante este inicio de año, con una significativa caída del 14,1% en el número de viajeros en establecimientos hoteleros y del 13,9% en las pernoctaciones durante el mes de marzo. Esta evolución negativa, sensiblemente más pronunciada que la registrada a nivel nacional (-8,9% en ambos indicadores), contrasta con el incremento del 1,3% en el número total de turistas registrado en el primer trimestre de 2025, lo que sugiere un cambio de tendencia, cuando menos, en los primeros meses del año.
Los datos de la Encuesta de Gasto Turístico del INE publicada el 6 de mayo y con datos de marzo, certifican esta mayor debilidad andaluza. Así, en términos interanuales el gasto turístico por persona cayó en Andalucía un 0,65%, mientras crecía en España un 1,7%. Este mes de marzo se convertía así en el segundo consecutivo de reducción de gasto.
La contracción del consumo turístico se refleja también, como se ha adelantado, en la evolución a la baja de los precios hoteleros. Esta caída podría corresponderse con una estrategia de ajuste de precios por parte del sector, especialmente visible en la reducción de la tarifa media diaria (-2,6%) y de los ingresos por habitación disponible (-4,7%), lo que revela los esfuerzos del sector por mantener la competitividad en un contexto de potencial debilitamiento de la demanda. Estas dificultades podrían estar relacionadas con el crecimiento tan débil experimentado por la economía europea, principal emisor de visitantes a Andalucía, cuyo impacto se deja sentir con especial intensidad en destinos más dependientes del turismo internacional como es el caso andaluz. A este posible ajuste habría que añadir, muy posiblemente, el efecto de la mala climatología durante el mes de marzo, así como la incertidumbre internacional.
Sin embargo, es importante señalar que la caída observada en marzo para diferentes indicadores podría estar claramente influenciada por un factor estacional clave: el efecto calendario de la Semana Santa. Esta circunstancia explica por qué el mercado nacional ha experimentado una caída más pronunciada (-21,5% en viajeros) que el internacional (-5,4%), tradicionalmente menos sensible a esta festividad. Habrá que esperar, no obstante, a los próximos meses para comprender si este cambio en la evolución del sector es una consecuencia de dinámicas económicas que responden al contexto internacional o, sin embargo, viene contaminado como se ha indicado por este factor estacional.
En cuanto a la inversión, los indicadores disponibles reflejan un comportamiento heterogéneo, pero con tendencia general positiva durante el primer trimestre de 2025.
Particularmente destacable es la evolución de la inversión en bienes de equipo, que muestra un crecimiento del 1,9% en el Índice de Producción Industrial, evidenciando la recuperación de la confianza empresarial. Esta evolución, aunque ligeramente inferior al dato nacional (5,3%), representa una moderación respecto al fuerte crecimiento (18,9%) que este componente registró a finales de 2023, pero confirma la tendencia positiva.
Por su parte, la inversión en vivienda e infraestructura muestra signos claros de recuperación con un aumento significativo de la licitación oficial total (119,4% interanual), muy por encima del observado a nivel nacional (17,3%), lo que sugiere un impulso importante de la obra pública en la región. La inversión residencial también presenta datos favorables, con un incremento del 30,0% en viviendas iniciadas libres y un destacado avance del 254,4% en calificaciones provisionales de viviendas protegidas, reflejando posiblemente el impacto de las políticas públicas de vivienda.
El dinamismo inversor se refleja igualmente en el fuerte incremento del 23% en el número de hipotecas constituidas y del 25,5% en el importe total hipotecado en fincas urbanas en febrero de 2025, datos significativamente superiores a los registrados a nivel nacional (3,0% y 9,4%, respectivamente). Este comportamiento positivo del crédito, a pesar del actual contexto de tipos de interés aún elevados, sugiere que tanto empresas como particulares mantienen una valoración favorable sobre las perspectivas económicas de la región.
El sector exterior, más allá del turismo, presenta un comportamiento igualmente menos dinámico durante el primer trimestre de 2025, con un modesto crecimiento de las exportaciones del 1,4% interanual en febrero, frente a un significativo incremento del 11,1% en las importaciones, lo que ha deteriorado la balanza comercial andaluza. Este comportamiento, que contrasta con la evolución nacional (exportaciones +0,4%, importaciones +3,5%), podría explicarse parcialmente por la mayor dependencia energética andaluza en un contexto de repunte de los precios del petróleo. Los productos minerales representan el principal componente importador (1.566,7 millones en febrero), mientras que la especialización exportadora regional sigue centrándose en productos agroalimentarios y manufacturas.
Por el lado de la oferta
Durante el primer trimestre de 2025, la economía andaluza ha mostrado diferencias por sectores, con un desempeño industrial notablemente positivo, un sector de la construcción en recuperación y algunas dificultades en determinadas ramas del sector servicios, especialmente las vinculadas al turismo.
En cuanto a la industria andaluza, los datos más recientes muestran un comportamiento notablemente positivo, con un incremento del 6,6% en el Índice de Producción Industrial en marzo de 2025, muy superior al 1,0 % registrado a nivel nacional. Este diferencial positivo se observa, aunque en mucha menor medida, también en el Índice de Cifras de Negocios de la Industria, que creció un 1,2% en Andalucía frente al 1% en España. La fortaleza del sector industrial andaluz presenta, sin embargo, importantes contrastes internos que conviene señalar.
Por destino económico de los bienes, destaca el menor dinamismo de la producción de bienes de equipo, con un aumento del 1,9% interanual, aunque viniendo de cifras muy superiores para enero y febrero, reflejando por ello una cierta recuperación de la inversión empresarial. Este comportamiento es especialmente relevante considerando que en diciembre de 2023 este subsector ya mostraba un notable crecimiento (18,9% interanual), tendencia que parece haberse moderado pero mantenido durante 2024. Por su parte, la producción de bienes de consumo muestra un crecimiento similar del 1,9%, lo que evidencia una progresiva recuperación tras la fuerte contracción (-23,7%) observada a finales de 2023, especialmente en el segmento de bienes de consumo no duradero.
Por ramas de actividad, la industria manufacturera ha liderado la recuperación del sector hasta febrero, aunque en las últimas semanas del trimestre ha sido compensando por un comportamiento más dinámico del suministro energético. Este contraste refleja principalmente la particular exposición de la economía andaluza a las fluctuaciones en los precios de la energía, dado el peso de las actividades de refino en la región. Por otro lado, las industrias extractivas, que mostraban un fuerte crecimiento (19,1%) a finales de 2023, parecen haber moderado su expansión en estos primeros meses de 2025.
El mayor dinamismo de la industria andaluza respecto a la española podría explicarse por la menor diversificación de su estructura productiva lo que se traduce en una menor dependencia relativa de los mercados europeos, especialmente de Alemania, cuya economía ha experimentado una fase de debilidad en los últimos trimestres. Asimismo, la progresiva superación de las tensiones en las cadenas de suministro globales ha beneficiado especialmente a sectores como la fabricación de maquinaria, vehículos de motor y productos metálicos, que muestran un comportamiento particularmente positivo en la región.
El sector de la construcción muestra claros signos de recuperación en la región, con un aumento significativo de la licitación oficial (119,4%) y de las viviendas iniciadas libres (30,0%), ambos muy por encima de la media nacional. Sin embargo, se observa una contracción en las viviendas terminadas libres (-11,7%, frente al +11,1% nacional) y en la superficie a construir para uso no residencial (-20,4%, frente al +40,3% en España), lo que sugiere un comportamiento desigual dentro del sector. El número de empresas inscritas en la Seguridad Social en la construcción aumentó un 3,3% en términos interanuales, muy por encima del 0,8% registrado a nivel nacional, lo que confirma la recuperación del sector en Andalucía.
En cuanto al sector servicios, el Índice de Cifra de Negocios muestra un incremento del 5,4% en febrero de 2025, superior al 4,6% registrado a nivel nacional, lo que evidencia un mayor dinamismo del sector en Andalucía. Este comportamiento positivo presenta, sin embargo, una notable heterogeneidad entre sus diferentes ramas de actividad. Particularmente destacable es la evolución del subsector de Información y Comunicaciones, reflejando la creciente digitalización de la economía andaluza. Las actividades profesionales, científicas y técnicas también muestran un notable dinamismo con crecimientos sostenidos, confirmando la progresiva terciarización hacia servicios de mayor valor añadido.
Sin embargo, las actividades vinculadas al turismo, como ya se ha adelantado, presentan una evolución menos favorable en este inicio de 2025, con descensos notablemente superiores a los registrados a nivel nacional y que se ha contagiado a los precios hoteleros, en claro contraste con los aumentos observados a nivel nacional, lo que indica un ajuste del sector ante la moderación de la demanda. El comercio minorista, por su parte, muestra signos de recuperación, aunque destaca la mencionada disparidad entre el comportamiento de la alimentación y el resto de los productos.
El sector agrario, aunque no disponemos de indicadores directos para el primer trimestre, probablemente haya tenido una evolución favorable considerando la reducción del número de empresas inscritas en la Seguridad Social en el sector (-2,1%), menos intensa que la registrada a nivel nacional (-2,5%). Esto sugiere una mayor resistencia del sector primario andaluz frente al conjunto de España, posiblemente asociada a una buena campaña agrícola tras varios años afectados por condiciones meteorológicas adversas.
Previsiones
El panorama económico global atraviesa un periodo de convulsión tras la implementación de drásticas medidas arancelarias por parte de la administración Trump a principios de abril de 2025. Con aranceles superiores al 100% impuestos a productos chinos y del 20% a importaciones europeas (a pesar de las posteriores bajadas), estas decisiones han desencadenado una oleada de incertidumbre en los mercados internacionales y respuestas equivalentes de sus socios comerciales. En este contexto de tensiones, el FMI ha revisado a la baja sus estimaciones, situando el crecimiento mundial en el 2,8% para 2025, significativamente por debajo del 3,3% proyectado inicialmente. Sin embargo, a pesar de los temores iniciales que vaticinaban una recesión mundial, los indicadores actuales apuntan más bien a un crecimiento moderado, aunque frágil. Según el Banco Mundial, esta tasa de expansión, aunque insuficiente para afrontar los desafíos estructurales globales, mantiene a la economía mundial alejada del escenario recesivo que muchos anticiparon tras el anuncio de las medidas proteccionistas estadounidenses.
En este contexto, los bancos centrales avanzan cautelosamente hacia la normalización monetaria mientras la inflación retrocede. Por ejemplo, en esta lucha podría ayudar las previsiones sobre la futura evolución de los precios de las commodities, que según estas caerían un 12% en 2025 y 5% adicional en 2026 según el Banco Mundial, aportando a esta moderación de la inflación aproximadamente 0,35 puntos porcentuales solo en este año.
El factor más determinante durante las últimas semanas del primer trimestre de 2025 ha sido la escalada de tensiones comerciales entre Estados Unidos y el resto del mundo, aunque con singular intensidad respecto a China. Los aranceles superiores al 100% impuestos por la administración estadounidense provocaron una caída del precio del petróleo Brent de 12 dólares por barril en solo cuatro días a principios de abril, siendo la 11ª peor caída de cuatro días desde 1990. Así, no pocos economistas advirtieron que estos aranceles representaban el mayor cambio en el comercio global en 100 años y que una guerra comercial mundial parecía inevitable. Por estas circunstancias, el propio FMI advertía que muchos países probablemente acabarían en recesión si las tensiones comerciales continuaban escalando. Es por todo ello por lo que las perspectivas para el resto de 2025 han sido reconsideradas bajo la sombra de las tensiones generadas por los primeros días de la nueva Administración Trump, con un crecimiento mundial moderado pero frágil, con riesgos predominantemente a la baja.
Respecto a la economía estadounidense, principal víctima de sus propias políticas, de forma inmediata ha mostrado señales alarmantes de deterioro, con una contracción del 0,3% en el primer trimestre de 2025 según el Departamento de Comercio, y que contrasta con el crecimiento del 2,4% del último trimestre de 2024. Este desempeño, el peor desde principios de 2022, empeoraba aún más las previsiones que algunos organismos como la Reserva Federal de Philadelphia, situaban sobre el 0,8% (2,5 % anualizado). A estas cifras hay que añadir la evolución del indicador PMI compuesto de la economía norteamericana y que, como buen previsor de la futura evolución del PIB, no augura una tendencia positiva en el corto plazo, al caer desde el 53,5 al 51,2 en un solo mes, acercándose a la zona de contracción (50).
La contracción del PIB refleja un impacto anticipado de la política arancelaria de Trump. Los aranceles superiores al 125% a productos chinos y del 20% a importaciones europeas se anunciaron formalmente el 2 de abril y, aunque luego ha habido ajustes, las empresas ya modificaron su comportamiento durante el primer trimestre, acelerando importaciones para anticiparse a los nuevos gravámenes. Este fenómeno potencialmente ha distorsionado las cifras del cuadro macroeconómico (las importaciones adelantadas habrían reducido el PIB más de lo que se ha podido evidenciar en consumo o inventarios por posibles decalajes en la contabilización de estas), pero anticipa un probable ‘efecto acantilado’ en la demanda durante el segundo trimestre. No obstante, de momento, los datos de empleo no muestran aun el potencial efecto de la volatilidad en las decisiones de la Administración Trump, con una adición de 177 mil ocupados en el pasado mes de abril, lo que da un respiro a la presidencia norteamericana.
No obstante, el efecto en la economía norteamericana en lo que resta de 2025 de estas medidas resultan evidentes. Así, algunos organismos norteamericanos proyectan un crecimiento anual de solo 1,9%, por debajo del 2,8% de 2024. El impacto inflacionario de los aranceles podría generar un «shock de ingresos reales» que pesaría sobre el gasto de los consumidores, mientras la Reserva Federal posiblemente posponga recortes adicionales hasta poder evaluar los efectos inflacionarios derivados de los aranceles anunciados en abril.
Frente a los aranceles estadounidenses, la respuesta china ha sido contundente con gravámenes equivalentes, que elevan la tasa arancelaria promedio a más del 140%. Este enfrentamiento ocurre en un momento vulnerable para China, cuyas cifras oficiales muestran un crecimiento del 5,4% en el primer trimestre de 2025, aunque estimaciones alternativas sugieren un crecimiento real cercano al 4%, significativamente por debajo de las metas gubernamentales.
Y es que, a diferencia de Estados Unidos, China se enfrenta a un persistente proceso deflacionario, con caídas de precios al productor durante casi tres años. Esta situación refleja un problema estructural más profundo: la capacidad de producción en varios sectores supera el crecimiento de la demanda, reduciendo las tasas de utilización y presionando los precios a la baja.
Por todo ello, para el resto de 2025 y 2026, el panorama económico chino está determinado por tres factores críticos: una persistente debilidad de la demanda interna, con más del 60% de hogares priorizando el ahorro, mientras los precios inmobiliarios han caído un 20% desde 2021 erosionando su riqueza; alentando un deterioro fiscal que incidirá en un aumento de su deuda pública, reduciendo el margen de maniobra gubernamental; y todo ello con una menor capacidad de mitigar los aranceles estadounidenses mediante la deslocalización productiva, estrategia que se usó durante el primer mandato de Trump, pero que pueden ser ahora más complicada ante las nuevas amenazas arancelarias de la Administración Trump a los países intermediarios.
La economía europea, que ha tenido un crecimiento mayor de lo previsto en el primer trimestre de este año gracias al aumento de las exportaciones a EEUU, se encuentra en una posición particularmente vulnerable ante la guerra comercial desatada por EEUU. Los aranceles del 20% impuestos por Trump a productos europeos, aunque parcialmente mitigados por una tregua provisional, han llevado al BCE a revisar a la baja sus perspectivas de crecimiento en 0,2 puntos porcentuales para 2025-2026, hasta el 0,9% y el 1,2%, respectivamente. Estas previsiones son coherentes con las elaboradas por la OCDE, y que proyectan un 1% para la eurozona en 2025 y un 1,2 % en 2026. Justamente, en las últimas semanas, la información obtenida a partir de las encuestas de los gestores de grandes empresas (PMI) augura una cierta ralentización en la recuperación económica iniciada en las grandes economías europeas a finales de 2024.
Mientras, el BCE avanza cautelosamente hacia la normalización monetaria con la inflación en tendencia descendente, proyectada al 2,2% para finales de 2025, se prevé que las tasas de interés se reducirán al 2% para la segunda mitad de 2025. Dicha reducción al entorno del 2% se vería más que justificada como consecuencia de los efectos asimétricos de las políticas comerciales de la administración Trump, ya que se estima que estos tendrían un impacto deflacionario sobre la economía europea.
Esta coyuntura demuestra la paradójica posición europea en la economía global: sin ser objetivo principal de la guerra comercial, su alta dependencia de mercados exteriores la convierte en la potencial mayor víctima colateral si las tensiones continúan escalando, lo que explica la urgencia por desarrollar mayor autonomía estratégica en los ámbitos tecnológico y energético.
En el complejo escenario económico global de 2025, España destaca como un caso excepcional de resiliencia. Mientras el FMI revisa a la baja el crecimiento mundial hasta el 2,8% debido a las tensiones comerciales, la economía española mantiene previsiones sólidas que triplican las de la eurozona, siendo elevada la proyección por este organismo en dos décimas, del 2,3 al 2,5%. A esta subida se suma el Banco de España, que estima un crecimiento para el conjunto de 2025 del 2,7%, dos décimas superiores a su anterior estimación. Mientras, la OCDE confirma esta posición favorable con un 2,6% para 2025 y 2,1% para 2026, cifras que contrastan con el anémico crecimiento previsto para Alemania (0,4%) o Francia (0,8%).
Esta fortaleza relativa se sustenta en tres pilares fundamentales: un sector turístico pujante que anticipan un crecimiento del 5% según algunos estudios, a pesar del relativo debilitamiento de principios de año; un mercado laboral dinámico que según estimaciones del BBVA Research reducirá el desempleo hasta el 10,8%; y un consumo interno más intenso impulsado por la recuperación de los salarios reales tras años de pérdida de poder adquisitivo.
Sin embargo, emergen señales de vulnerabilidad que moderan este optimismo. Funcas advierte que el crecimiento será menos equilibrado que en años anteriores, dependiendo excesivamente de la demanda interna (con una aportación de 2,6 puntos en 2025 y que pudiera haberse iniciado ya a finales de 2024), mientras que la contribución del sector exterior podría volverse negativa debido a las tensiones comerciales que afectan a los mercados europeos, a lo que se sumaría el potencial redireccionamiento de las exportaciones chinas, cuyo mercado natural era el norteamericano, hacia Europa y en concreto España. En cuanto a los sectores exportadores españoles más vulnerables ante una potencial guerra comercial con los Estados Unidos, estos serían principalmente la industria de maquinaria y equipos mecánicos y eléctricos (que representa aproximadamente 4.000 millones de euros en exportaciones anuales), el sector agroalimentario (especialmente el aceite de oliva y el vino, con más de 1.600 millones en conjunto), la industria automotriz y los productos derivados del petróleo. Bajo este contexto, el indicador PMI para España muestra precisamente una reducción, aunque aun manteniéndose por encima del resto de las grandes economías europeas.
Así pues, para los próximos trimestres, las perspectivas sugieren que España mantendrá su diferencial de crecimiento respecto a la eurozona, pero con una exposición creciente a los riesgos externos. La incertidumbre derivada del entorno internacional podría afectar gradualmente a la confianza empresarial y las decisiones de inversión, constituyendo el principal riesgo a la baja para una economía que, pese a su resiliencia actual, no puede permanecer indefinidamente inmune a la desaceleración global.
A la luz de los datos analizados, las perspectivas para la economía andaluza en 2025 presentan un panorama de crecimiento moderado similar a la media nacional, aunque con riesgos crecientes derivados del contexto internacional y sustentados en los mismos tres pilares fundamentales: un consumo privado que mantendrá un cierto impulso de crecimiento, un mercado laboral que continuará, aunque en menor medida, en la senda de creación de empleo, y un sector industrial resiliente aunque amenazado por un contexto internacional convulso junto con una construcción que espera en este año un mayor dinamismo, de ahí que la inversión en edificación e infraestructuras aportarán al
crecimiento de la actividad económica regional.
Los primeros datos del segundo trimestre de 2025 reflejan que, una vez más, el sector turístico andaluz anticipa un ejercicio positivo, aunque posiblemente con mayores dificultades que las experimentadas en 2024. A pesar de ello, y dado el contexto internacional descrito en los párrafos anteriores, todo parece indicar que el sector exterior va a mostrar en este 2025 un comportamiento algo menos dinámico, lo que muy probablemente provocará un deterioro de la demanda externa. Es este componente de la demanda el que podría convertirse en el principal factor de vulnerabilidad para la economía andaluza.
De hecho, la confianza empresarial, medida por diversos indicadores regionales, mantiene niveles moderadamente positivos, pero con matices sectoriales importantes. Mientras las actividades vinculadas al consumo interno proyectan optimismo, aquellas con mayor exposición internacional evidencian una creciente cautela en sus decisiones estratégicas, postergando en algunos casos planes de inversión y expansión hasta que se clarifique el panorama comercial global.
En cuanto al sector agrícola, las previsiones para 2025 apuntan a un comportamiento moderadamente positivo, inferior al registrado en 2024, pero que mantiene la senda expansiva. Este crecimiento está condicionado por factores climatológicos relativamente favorables hasta la fecha, aunque la incertidumbre hídrica continúa siendo un elemento de preocupación para determinadas comarcas productoras. Las exportaciones agroalimentarias, que representan un porcentaje significativo del total de ventas andaluzas al exterior, afrontan un escenario complejo marcado por las tensiones comerciales internacionales, derivado de la guerra comercial iniciada por las decisiones de la administración norteamericana y la competencia creciente de terceros países, especialmente en productos como el aceite de oliva, los cítricos y las hortalizas de invernadero.
Justamente, el impacto que los aranceles puedan tener sobre la actividad productiva andaluza será negativo, aunque se estima de poca cuantía. Así, sectores como los mencionados en el párrafo anterior, a los que se les uniría refino de petróleo, manufacturas de la piedra y maquinaria y material eléctrico podrían ver debilitadas su capacidad de ventas al consumidor estadounidense. Así, las estimaciones del impacto en las exportaciones serían de alrededor de una o dos décimas de PIB, cantidad que podría verse mermada atendiendo a la capacidad de las empresas andaluzas para sustituir parte del mercado norteamericano por otros donde la capacidad de penetración de nuestras exportaciones podría intensificarse.
En este contexto, la capacidad de la administración autonómica para implementar eficientemente los fondos europeos de recuperación podría resultar determinante para mantener el diferencial positivo de crecimiento. Los recursos destinados a transición ecológica, digitalización e infraestructuras estratégicas ofrecen una oportunidad única para fortalecer el tejido productivo andaluz frente a los desafíos derivados de la ralentización comercial internacional.
Así pues, se prevé que la economía andaluza mantenga un crecimiento en línea con el de la economía española, y del mismo modo que está sustentado en la fortaleza de la demanda interna y en sectores como la industria manufacturera y la construcción. Es por ello por lo que el panel de expertos del Observatorio Económico de Andalucía proyecta un crecimiento del PIB andaluz en torno al 2,5% para 2025 y del 2% para 2026.










