
El Observatorio Económico de Andalucía y la Universidad Pablo de Olavide, con la colaboración de la Fundación Cámara de Sevilla han presentado los últimos datos del informe del segundo trimestre de 2025 de la economía andaluza.
El Indicador Sintético de Actividad de Andalucía del Observatorio Económico de Andalucía (IOEA) en el segundo trimestre de 2025 registró un crecimiento del 0,7% intertrimestral respecto al trimestre inmediatamente anterior. Con este dato, la economía andaluza consolida su tendencia expansiva durante este período, obteniendo un crecimiento interanual del 3%, algo inferior al estimado para el primer trimestre, 3,2%, pero superior en cuatro décimas al registrado a nivel nacional.
Esta mejora en la dinámica trimestral sugiere que la economía andaluza está logrando sortear las dificultades coyunturales que marcaron la primera mitad del ejercicio actual. El repunte en el crecimiento intertrimestral indica una recuperación del impulso económico, tras los efectos negativos derivados de factores estacionales y climatológicos que caracterizaron los primeros meses del año, así como el aumento de la incertidumbre geopolítica y económica internacional.
Los indicadores regionales muestran que durante el segundo trimestre aumentó la sincronización entre los diferentes motores de crecimiento regional. A diferencia del período anterior, donde el empuje económico dependió en mayor medida del mercado laboral que compensaba un menor impulso del turismo, en este trimestre, se observa una contribución más equilibrada de los distintos sectores productivos.
Esta evolución refleja la maduración de las tendencias positivas que se venían gestando en la economía andaluza, especialmente en aquellos sectores menos dependientes de la coyuntura internacional. El fortalecimiento de la base productiva regional, junto con la mejora gradual de las condiciones de demanda, ha permitido que la región mantenga un diferencial de crecimiento sólido en un contexto nacional e internacional marcado por la incertidumbre.
Inflación y salarios
Durante el segundo trimestre de 2025, la evolución de los precios en Andalucía experimentó un ligero repunte que, sin embargo, mantiene las presiones inflacionistas dentro de parámetros controlados. El Índice de Precios al Consumo (IPC) general se situó en el 2,7% en julio, tres décimas por encima del registro de marzo, igualando el dato nacional y confirmando la convergencia de la inflación regional con la media española.
La inflación subyacente mostró un comportamiento similar, registrando un 2,2% en julio, manteniendo una décima de diferencia respecto al dato nacional (2,3%). Esta evolución refleja que las presiones de precios subyacentes se mantienen estables y dentro del rango objetivo del Banco Central Europeo, sugiriendo un entorno inflacionista bajo control.
La trayectoria ascendente de los precios desde enero revela una progresiva normalización tras el episodio más moderado del primer trimestre. El análisis sectorial muestra patrones diferenciados que caracterizan esta fase de recuperación inflacionaria. Los precios energéticos han experimentado una notable volatilidad, con la electricidad y los combustibles registrando incrementos que oscilaron entre el 5% de mayo y el 20,7% de febrero, evidenciando la persistente sensibilidad del índice regional a las fluctuaciones de los precios energéticos y a las condiciones meteorológicas en el precio de la electricidad. Esta volatilidad se ha traducido en una gradual moderación hacia niveles más estables en los últimos meses del segundo trimestre.
En el ámbito sectorial, destaca la normalización gradual de los precios de alimentación y bebidas no alcohólicas, que se situaron en el 2,3% en julio, inferior al crecimiento nacional (2,7%).
En cuanto a los servicios, los precios muestran un patrón de crecimiento sostenido, con componentes como los servicios de restauración manteniendo incrementos estables del 4% durante todo el período. El sector turístico, por su parte, experimentó una notable recuperación de los precios durante el segundo trimestre tras los ajustes estacionales del inicio del año. Los indicadores hoteleros mostraron signos de fortalecimiento, con el índice de precios hoteleros registrando un crecimiento del 3,4% interanual en junio, mientras que la tarifa media diaria avanzó un 7,6% y los ingresos por habitación disponible se incrementaron un 11,2%. Esta evolución contrasta significativamente con la debilidad observada en el primer trimestre, sugiriendo una recuperación de la demanda turística y un ajuste positivo de las estrategias de precios del sector.
En materia salarial, los aumentos pactados en convenio se situaron en el 2,79% para julio, manteniéndose por debajo del incremento nacional del 3,46%. No obstante, el crecimiento observado en las remuneraciones de los asalariados sugiere una mejora progresiva en las condiciones laborales, respaldada por el dinamismo del mercado de trabajo regional. Esta diferencia salarial, junto con el ligero repunte inflacionario, mantiene un escenario de estancamiento temporal del poder adquisitivo de los trabajadores andaluces, aunque con expectativas de mejora por la evolución de los precios, sobre todo energéticos, de agosto.
El mercado de trabajo
El mercado laboral andaluz experimentó una evolución claramente positiva durante el segundo trimestre de 2025, revirtiendo las dificultades observadas en los primeros meses del año. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de ocupados alcanzó las 3.546.700 personas, registrando un crecimiento del 2% tanto en términos interanuales como intertrimestrales. Este comportamiento supone una notable recuperación respecto al primer trimestre, cuando el empleo había experimentado una ligera contracción del 0,4%.
La creación neta de empleo fue especialmente intensa, con 70.600 nuevos ocupados respecto al trimestre anterior y 67.900 más en comparación interanual. Esta evolución se tradujo en una tasa de empleo del 48,3%, consolidando la mejora estructural del mercado laboral regional.
El desempleo experimentó una reducción significativa, descendiendo a 618.600 personas paradas, lo que representa una disminución del 8,5% en términos interanuales. La tasa de paro se situó en el 14,9%, registrando una caída de 1,3 puntos respecto al trimestre precedente y de 1,4 puntos en comparación interanual. Esta evolución refleja una aceleración en el proceso de convergencia hacia niveles de desempleo más moderados.
La dinámica sectorial del empleo mostró un comportamiento claramente expansivo en la mayoría de las actividades económicas. El sector servicios lideró la creación de empleo con 78.300 nuevos puestos de trabajo, seguido de la construcción (11.800 empleos) y la industria (8.700 empleos). Por el contrario, la agricultura registró una destrucción de 28.300 empleos, reflejando la finalización de las campañas agrícolas estacionales.
En cuanto a las modalidades contractuales, se observó un crecimiento equilibrado del empleo asalariado, que aumentó en 70.700 personas. Los contratos indefinidos aumentaron en 40.300 personas (1,7%) y los temporales en 30.400 (5,5%), evidenciando un incremento proporcional de la estabilidad laboral a pesar de corresponderse estos datos al inicio de la campaña de verano.
La población activa se incrementó hasta las 4.165.300 personas, con una tasa de actividad del 56,8%, lo que supone un aumento de 0,3 puntos respecto al trimestre anterior. Especialmente positiva resulta la reducción del número de hogares con todos sus miembros activos en situación de desempleo, que disminuyó un 6,0% trimestral hasta las 202.500 familias.
Los datos de afiliación a la Seguridad Social corroboran esta tendencia expansiva del empleo, con 3.450.016 afiliaciones registradas en junio de 2025, un incremento del 1,0% interanual. La distribución sectorial de las afiliaciones refleja el predominio del sector servicios (73,0%), seguido de la agricultura (11,8%), industria (8,1%) y construcción (7,1%). Destaca el dinamismo del empleo por cuenta propia, con los autónomos representando el 17,1% del total de afiliaciones, especialmente relevante en provincias como Almería (19,8%) y con un crecimiento notable en Málaga del 3,2%. Esta evolución confirma la solidez de la recuperación del mercado laboral andaluz y su capacidad de adaptación a las nuevas dinámicas económicas. Los datos de afiliación de julio y agosto mantienen, en términos desestacionalizados, este ritmo de avance, similar al nacional.
Por el lado de la demanda
La evolución de los componentes de la demanda durante el segundo trimestre de 2025 mostró un comportamiento diferenciado que refleja tanto la fortaleza de la demanda interna como los desafíos persistentes en el ámbito exterior. La demanda regional experimentó un crecimiento robusto que aportó considerablemente al impulso económico de la región.
El consumo privado consolidó su papel como principal motor de crecimiento, manteniendo una evolución favorable que se tradujo en una contribución significativa al crecimiento del PIB regional. Los indicadores de demanda confirman este dinamismo, con el índice de comercio al por menor registrando un crecimiento del 5,8% interanual en junio, equiparándose al dato nacional. Especialmente notable resulta la matriculación de turismos, que experimentó un incremento del 25,6% a inicios del verano, superando ampliamente la media española del 19,9%, lo que evidencia la recuperación del consumo duradero. Este dinamismo del consumo de los hogares refleja la mejora en las condiciones del mercado laboral y la gradual recuperación del poder adquisitivo de las familias andaluzas, tras los episodios inflacionistas de períodos anteriores.
La inversión experimentó un comportamiento especialmente dinámico durante el trimestre, evidenciando la recuperación de la confianza empresarial y el restablecimiento de los planes de expansión productiva. El índice de producción industrial de bienes de equipo registró un crecimiento del 15% interanual, muy superior al 5,3% nacional, lo que confirma la fortaleza de la inversión productiva. La licitación oficial experimentó un crecimiento del 283,4% en mayo, alcanzando los 789,1 millones de euros, reflejando el impulso de la inversión pública en infraestructuras. Este componente mostró un crecimiento sólido que se tradujo en una aportación sustancial al crecimiento económico regional, confirmando una relativa normalización de las decisiones de inversión empresarial.
Los indicadores disponibles para el trimestre apuntan a una evolución favorable de la inversión en bienes de equipo, mientras que la inversión en construcción continuó mostrando signos de recuperación. El dinamismo hipotecario registrado durante el período confirma esta tendencia, con el número de hipotecas urbanas constituidas alcanzando las 9.338 operaciones en mayo, un incremento del 36,6% interanual, mientras que el importe total hipotecado ascendió a 1.519,4 millones de euros, creciendo un 40,8%. La superficie para construir para uso no residencial registró 54.557 m² en mayo, con un notable crecimiento del 96,5%, confirmando la solidez de la demanda de inversión tanto residencial como empresarial.
El sector exterior mantuvo un perfil más moderado, con las exportaciones alcanzando los 3.137,2 millones de euros en junio, registrando una contracción del 5,0% interanual que contrasta con el crecimiento del 2,4% a nivel nacional. Las importaciones se situaron en 3.008,3 millones de euros, experimentando una menor caída del 3,5%, frente al incremento del 10,9% registrado en España. Esta evolución supone una contribución ligeramente negativa al crecimiento del PIB regional, evidenciando los desafíos del complejo entorno internacional.
El análisis por destinos durante enero-abril confirma el impacto de las tensiones comerciales. Estados Unidos, quinto cliente andaluz con 929,5 millones de euros en lo que llevamos de 2025, cayó un 12,8% interanual por las medidas arancelarias, mientras que China creció un 14,6%. En Europa, los principales socios, como Francia (-23,5%) y Alemania (-13,1%), muestran el debilitamiento de la demanda, contrastando con el dinamismo de mercados emergentes como Argelia, que se consolida como principal proveedor con un incremento del 26,3% en importaciones.
Por el lado de la oferta
El análisis sectorial de la economía andaluza durante el segundo trimestre de 2025 reveló un panorama de crecimiento generalizado, con un comportamiento dinámico en la mayoría de las ramas productivas que contrastó con las dificultades observadas en el primer trimestre del año.
El sector industrial lideró el impulso productivo del trimestre, consolidando su posición como uno de los principales motores de crecimiento económico regional. El índice de producción industrial registró un extraordinario crecimiento del 19,0% interanual (15,9% corregido), muy superior al 2,3% nacional y del 7,4% en lo que va de año. La actividad industrial experimentó un crecimiento robusto que se tradujo en una contribución muy significativa al avance del PIB andaluz.
Entre las ramas industriales destacó el comportamiento positivo de la industria manufacturera con un crecimiento del 10,3% interanual. Especialmente notable fue el desempeño del suministro energético, que registró un incremento del 59,1% interanual, reflejando la intensa actividad del sector refinador regional. Los índices de cifras de negocios, no obstante, experimentaron una contracción del 5,5% interanual que contrasta con el crecimiento del 1,8% a nivel nacional.
Por destino económico, destaca el dinamismo de los bienes de equipo con un crecimiento del 15,0% interanual y la energía con un incremento del 41,1%, mientras que los bienes de consumo registraron un avance más moderado del 6,9%. El tejido empresarial industrial mostró signos de consolidación, con 16.126 empresas inscritas en la Seguridad Social, pese a una ligera reducción del 0,9% respecto al año anterior.
El sector de la construcción continuó su proceso de recuperación, registrando un crecimiento sólido que aporta al dinamismo general de la economía regional. El tejido empresarial del sector mostró signos de consolidación, con 24.198 empresas inscritas en la Seguridad Social, lo que supone un aumento del 2% interanual.
El mercado residencial experimentó una evolución diferenciada, con 1.685 viviendas iniciadas libres en marzo (+1,8% interanual), aunque las viviendas terminadas registraron una contracción del 18,4%, sugiriendo un proceso de ajuste en los tiempos de ejecución de proyectos. En el ámbito de la vivienda protegida, las calificaciones provisionales alcanzaron las 379 unidades (+32,1% interanual), mientras que las definitivas se situaron en 390 (-66,0%), reflejando la variabilidad en los flujos administrativos del segmento protegido.
Los precios inmobiliarios mantuvieron su tendencia alcista, con un precio medio del metro cuadrado en vivienda libre de 1.695,8 euros en el primer trimestre, registrando un incremento del 9,0% interanual, igualando el ritmo de crecimiento nacional. El comportamiento del sector durante el trimestre evidencia la consolidación de la fase expansiva iniciada en períodos anteriores, sustentada en el fortalecimiento de la demanda tanto pública como privada.
El sector servicios presentó una evolución muy favorable, con un crecimiento generalizado que se extendió a todas sus ramas de actividad. El índice de cifra de negocios creció un 4,76% interanual en términos corregidos, muy superior al comportamiento nacional. El sector mostró un dinamismo particular en varios subsectores, destacando especialmente las actividades artísticas, recreativas y otros servicios, así como las actividades profesionales.
Los indicadores de actividad sectorial confirman esta fortaleza, con el índice general de servicios creciendo un 3,17% interanual corregido, mientras que las actividades profesionales, científicas y técnicas lo hacían a un ritmo del 5,30% interanual. El comercio al por menor experimentó una evolución mixta, con un crecimiento del 5,83% interanual mientras las ventas en grandes superficies registraron una ligera contracción del 0,5% en términos constantes.
La hostelería mostró signos de recuperación (+3,91% interanual corregido), mientras que el transporte y almacenamiento crecía en mayor medida (+5,69% interanual). Este comportamiento refleja tanto la recuperación del consumo interno como la progresiva normalización de las actividades vinculadas al ocio y al turismo tras las dificultades del trimestre anterior. La mejora en el subsector de información y comunicaciones evidencia el proceso de digitalización de la economía andaluza, mientras que el dinamismo de las actividades profesionales confirma la evolución hacia servicios de mayor valor añadido.
El sector primario experimentó una contracción durante el trimestre, reflejando fundamentalmente los efectos estacionales característicos de las actividades agrícolas y ganaderas. Esta evolución, aunque negativa, responde a patrones habituales del sector y no compromete las perspectivas de recuperación a medio plazo. La evolución del sector agrario se vio influenciada por factores climatológicos y por la finalización de determinadas campañas productivas.
Previsiones
Las proyecciones para el segundo semestre de 2025 incorporan una elevada carga de incertidumbre, dado que reflejan la dificultad de evaluar los potenciales efectos de los aranceles tanto en la economía norteamericana como en la del resto de países afectados directa o indirectamente, así como la potencial trascendencia de la incertidumbre geopolítica. La aparente mejora en las previsiones que el FMI publicó en el mes de julio (del 2,8 al 3 del PIB mundial) no es consecuencia de una reevaluación del impacto de los aranceles en la economía mundial, sino que resulta de una confluencia de factores técnicos que enmascaran el deterioro de fondo.
De hecho, la OMC confirmó este patrón al mostrar que, mientras el comercio mundial creció un 5,3% interanual en el primer trimestre debido al fenómeno de front-loading (adelanto de operaciones comerciales), en el segundo trimestre experimentó una caída del 16%. Para lo que resta de 2025, el Banco Mundial pronosticó que el crecimiento sería el más lento desde la década de 1960, con revisiones a la baja para casi el 70% de las economías mundiales.
El año 2025 marca así la mayor disrupción del comercio mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Los aranceles estadounidenses promedio han pasado del 2,5% histórico al 18,6% actual. Esta escalada se ha extendido globalmente, con India y Brasil enfrentando aranceles del 50%, Japón negociando una tasa del 15%, y la UE acordando un arancel base del 15% tras el “Acuerdo de Julio” que evitó aranceles del 30% anunciadospara agosto.
La incertidumbre comercial condiciona no solo la evolución de la actividad económica, sino también la inflación. Las proyecciones del FMI sitúan la inflación mundial en el 4,2% para 2025, descendiendo hasta el 3,6% en 2026, aunque esta media global enmascara divergencias significativas entre economías avanzadas y emergentes. Los precios de las materias primas han experimentado una volatilidad extraordinaria, con el Banco Mundial anticipando caídas del 12% en 2025, aportando aproximadamente 0,35 puntos porcentuales a la desinflación global.
Dado lo anterior, el balance de riesgos para la economía mundial está inequívocamente inclinado a la bajada de actividad, con múltiples factores de incertidumbre que amenazan la estabilidad del crecimiento global. El principal riesgo a corto plazo es un colapso de las frágiles treguas comerciales y una nueva escalada proteccionista, que podría sumir a múltiples economías en recesión.
A esto, los riesgos geopolíticos añaden capas adicionales de complejidad al panorama global. Las tensiones comerciales se superponen con conflictos bélicos en curso y la necesidad de asegurar cadenas de suministro estratégicas, acelerando una reconfiguración del comercio internacional con implicaciones particulares para regiones altamente integradas en los flujos comerciales globales.
Adicionalmente, persisten vulnerabilidades fiscales en un entorno de menor crecimiento y mayores costes de financiación, junto con el riesgo de un endurecimiento abrupto de las condiciones financieras globales si la confianza de los mercados se deteriorase. La materialización de cualquiera de estos riesgos podría desencadenar una contracción económica global más severa de lo actualmente proyectado por los organismos internacionales.
Estados Unidos: Epicentro de la Incertidumbre
La economía estadounidense se ha convertido en el epicentro de la incertidumbre global tras implementar la política arancelaria más radical desde los años 1930. Los aranceles promedio han aumentado del 2,5% histórico al 18,6% actual, con picos del 27% en abril, utilizando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer gravámenes masivos. Esta agresividad comercial sin precedentes ha reconfigurado drásticamente el panorama económico mundial.
El PIB estadounidense del segundo trimestre mostró una recuperación aparente superior al 3,0% anualizado (0,8 intertrimestral), pero esta cifra enmascara una debilidad estructural profunda. La caída del 30,3% en importaciones impulsó mecánicamente el PIB debido al efecto front-loading del primer trimestre, mientras que las ventas finales a compradores domésticos privados solo crecieron un anémico 1,2%. No obstante, el indicador compuesto del PMI muestra a una economía aún con fortaleza de crecimiento frente a los anuncios negativos que se suponía generarían la incertidumbre generada en la Casa Blanca.
En este contexto, la Reserva Federal enfrenta un dilema sin precedentes, manteniendo las tasas en 4,25-4,5% por quinta vez consecutiva mientras evalúa si los efectos inflacionarios de los aranceles serán temporales o persistentes ante la decisión de septiembre de si mantiene o reduce tipos. La creciente presión política sobre la institución, incluyendo amenazas a su independencia y el controvertido despido del director del Bureau of Labor Statistics por diferencias en la interpretación de datos de empleo, añade incertidumbre institucional. El mercado laboral muestra claros signos de enfriamiento, con solo 73.000 empleos creados en julio, muy por debajo de expectativas, y aumentos preocupantes en desempleados de largo plazo (+179.000).
Paradójicamente, el dólar se ha debilitado cerca del 8% desde principios de año, una señal inequívoca de que los inversores globales no interpretan los aranceles como una estrategia coherente, sino como una fuente de profunda inestabilidad que socava el tradicional estatus de activo refugio estadounidense y la credibilidad de su política económica.
China: Resiliencia mediante estímulo y diversificación
La economía china ha mostrado una capacidad de adaptación notable durante 2025, manteniendo un crecimiento sólido a pesar de enfrentar presiones comerciales significativas desde Estados Unidos. Los aranceles estadounidenses alcanzaron niveles extremos antes de moderarse tras negociaciones internacionales, pero China logró absorber estos choques sin comprometer sus objetivos fundamentales.
La respuesta del gobierno ha sido decidida. Beijing implementó un paquete de estímulo sin precedentes que combina expansión fiscal y monetaria coordinada, duplicando los programas de subsidios para estimular el consumo interno. Simultáneamente, el banco central adoptó una posición expansiva mediante recortes en las tasas de interés y reducciones en los requisitos de reservas bancarias, complementados con medidas para aliviar las condiciones crediticias hipotecarias.
Además, su estrategia comercial se ha centrado en la diversificación de mercados. Mientras sus exportaciones hacia Estados Unidos experimentaron contracciones significativas, el país compensó estas pérdidas mediante crecimiento robusto hacia el sudeste asiático, África y Europa, evidenciando la construcción exitosa de cadenas de suministro alternativas más resilientes.
No obstante, la economía china se enfrenta a desafíos estructurales persistentes. El sector inmobiliario continúa en declive, generando presiones deflacionarias. La sobrecapacidad industrial se manifiesta en la deflación de precios al productor, sugiriendo la necesidad de ajustes adicionales.
Zona Euro: Víctima colateral con respuesta estratégica
La economía de la eurozona ha mostrado cierta resistencia en el segundo trimestre con un crecimiento del 0,1% trimestral, aunque más lento que el 0,6% del primer trimestre. El crecimiento anual se situó en 1,4%, con la Comisión Europea proyectando 0,9% para 2025 y 1,4% para 2026, reflejando su posición de víctima l en la guerra comercial iniciada por Estados Unidos. De este modo, Europa se encuentra en un potencial cambio de paradigma transmitiendo el shock del cambio a través de tres canales principales: el impacto directo de los aranceles estadounidenses, la desaceleración del comercio mundial, y el riesgo de desviación masiva de exportaciones chinas hacia el mercado único europeo.
La política monetaria del Banco Central Europeo ha respondido proactivamente con una política claramente acomodaticia a este contexto, manteniendo durante 2025 la política iniciada de recortes iniciada en junio 2024. La tasa de depósito actual del 2,0% (reducida desde el pico del 4,0% en 2023) refleja el éxito en la lucha contra la inflación, que se situó en 2,0% en julio, cumpliendo exactamente el objetivo del BCE.
El desempeño por países revela divergencias que reflejan diferentes exposiciones al comercio exterior. España lidera el crecimiento trimestral, impulsada por un turismo récord y la recuperación del consumo e inversiones privadas. En contraste dramático, Alemania mostró una contracción tras el crecimiento del trimestre anterior, reflejando el severo impacto en sus industrias exportadoras altamente dependientes del comercio global. El Bundesbank proyecta crecimiento nulo para el año, evidenciando la vulnerabilidad de la locomotora europea. Francia mejoró moderadamente, beneficiándose de su menor exposición al mercado estadounidense comparada con Alemania, mientras que Italia experimentó contracción trimestral, pero mantiene perspectivas positivas anuales.
Sin embargo, y desde el punto de vista comercial y económico, lo más relevante acaecido en este verano es el ‘Acuerdo de Julio’ UE-EEUU y que representa un punto de inflexión crucial en la estrategia europea. Negociado el 27 de julio en Turnberry por Ursula von der Leyen, evitó aranceles del 30% anunciadosa cambio de términos considerablemente asimétricos. La UE acepta aranceles del 15% sobre la mayoría de los productos europeos y se compromete a 750.000 millones de dólares en compras energéticas estadounidenses hasta 2028, 600.000 millones en inversiones, y eliminación completa de aranceles europeos sobre bienes industriales estadounidenses. Aunque los mercados reaccionaron inicialmente con optimismo, el euro se debilitó ligeramente ante preocupaciones por la naturaleza desequilibrada del acuerdo.
Por todo lo anterior, el panorama europeo se perfila desafiante. Las revisiones del FMI muestran un deterioro generalizado en las perspectivas: el crecimiento mundial se ha reducido al 2,9% y la eurozona ha visto recortadas sus previsiones al 0,9% para 2025. Los indicadores de actividad reflejan esta incertidumbre, con el PMI compuesto de Francia y Alemania aún en zona de contracción o ligero crecimiento evidenciando el impacto de las tensiones comerciales sobre la confianza empresarial por los datos de lo que llevamos de año. La heterogeneidad del desempeño entre países sugiere que la recuperación será desigual, con España manteniendo mayor resistencia mientras Alemania enfrenta perspectivas particularmente débiles. La política monetaria acomodaticia del BCE proporcionará soporte limitado en un contexto donde los factores externos dominan la dinámica económica.
Contexto Español: Aceleración inesperada en un entorno adverso
En este complejo panorama internacional de fragmentación comercial y ralentización global, España consolida su posición como la economía más resiliente de la eurozona, no solo manteniendo sino acelerando su dinamismo en contraste con el letargo de sus principales socios europeos. La economía española experimentó una sorprendente aceleración en el segundo trimestre de 2025, con un crecimiento del 0,7% intertrimestral, una décima superior al 0,6% del primer trimestre, desafiando las expectativas de moderación y situándose muy por encima del anémico desempeño alemán y del conjunto de la eurozona.
La evolución interanual confirma esta fortaleza excepcional, con un crecimiento del 2,8% en el segundo trimestre, manteniendo prácticamente el mismo ritmo que el trimestre precedente y evidenciando una resistencia notable ante las turbulencias comerciales globales. Este desempeño supera ampliamente las previsiones del Banco de España del 2,4% para el conjunto de 2025, sugiriendo que la economía española podría alcanzar un crecimiento anual superior al proyectado, consolidando una brecha de crecimiento aún mayor con la eurozona, donde se proyecta un exiguo 0,9% para el año completo.
El comportamiento diferencial de España responde a una combinación de factores estructurales y una demanda interna más resiliente de lo inicialmente previsto. La demanda nacional contribuyó con 3,4 puntos al crecimiento interanual, compensando ampliamente la aportación negativa de 0,6 puntos de la demanda externa. Destaca particularmente la fortaleza de la formación bruta de capital, que registró un vigoroso 5,3% interanual (1,6 puntos superior al trimestre anterior), mientras que el consumo de los hogares mantuvo un sólido 3,5%, evidenciando la confianza del sector privado. Los fondos de recuperación europeos (Next Generation EU) continúan proporcionando impulso a la inversión, mientras que el mercado laboral exhibe un dinamismo excepcional con un crecimiento del empleo del 3,5% en términos de ocupados equivalentes a tiempo completo. No obstante, el sector exterior enfrenta presiones crecientes, con las tensiones comerciales afectando especialmente a las exportaciones hacia Estados Unidos, lo que podría moderar la contribución externa al crecimiento en los próximos trimestres. Asimismo, la persistencia de la incertidumbre comercial internacional podría erosionar gradualmente la confianza empresarial, con efectos potenciales sobre las decisiones de inversión que podrían manifestarse en el medio plazo.
Los datos del índice PMI manufacturero confirman esta dinámica diferencial en el contexto europeo. España registró un PMI promedio de 52,1 puntos en el julio de 2025, manteniéndose por encima del umbral de expansión (50 puntos) y superando claramente el desempeño de Francia (48,8) y Alemania (49,6), ambas en territorio de contracción industrial. No obstante, el indicador español muestra una moderación de 2,3 puntos respecto al primer trimestre, lo que refleja el impacto gradual de la incertidumbre comercial global en la confianza empresarial.
La evolución sectorial confirma la amplitud de la recuperación. Desde la óptica de la oferta, todos los grandes sectores presentaron tasas positivas salvo las ramas primarias. Las ramas industriales crecieron 2,2% interanual, con la industria manufacturera acelerando hasta el mismo ritmo, mientras que la construcción se expandió un sólido 2,9% y los servicios mantuvieron un robusto 3,3%. Esta diversificación sectorial proporciona mayor estabilidad al crecimiento y reduce la dependencia de sectores específicos como el turismo.
En el ámbito de precios y rentas, España registra una evolución equilibrada que sustenta la sostenibilidad del crecimiento. El deflactor del PIB ascendió 2,7% interanual, manteniendo la inflación bajo control, mientras que la remuneración de los asalariados creció un sólido 7,6%, con incrementos del 3,7% en el número de puestos y del 3,8% en la remuneración media. Este crecimiento salarial, superior al de la inflación, fortalece el poder adquisitivo y sustenta el consumo privado. Las condiciones financieras relajadas del BCE (con tipos en el 2,0% tras ocho recortes consecutivos) continúan proporcionando un entorno favorable para la inversión y el crecimiento en un contexto global adverso.
Proyecciones para la economía andaluza
Las perspectivas para el segundo semestre de 2025 y el conjunto del año están condicionadas por la consolidación de las tendencias observadas durante el segundo trimestre, aunque incorporando una elevada dosis de incertidumbre derivada del complejo panorama internacional. Los datos confirman que la economía andaluza ha logrado mantener un ritmo de crecimiento superior al nacional, y que se verá ayudado en lo sucesivo por una demanda interna que seguirá siendo el motor principal de crecimiento, particularmente el consumo privado, que se beneficia de la mejora sostenida del mercado laboral andaluz, creando las condiciones propicias para mantener el dinamismo del consumo. La inversión también muestra signos prometedores, especialmente en el sector industrial, impulsado tanto por el mantenimiento de la confianza empresarial como por la implementación efectiva de los fondos europeos de recuperación destinados a digitalización y transición ecológica.
Sin embargo, las proyecciones incorporan riesgos significativos derivados del deterioro del entorno internacional, especialmente por la guerra comercial iniciada por Estados Unidos y la consiguiente fragmentación del comercio mundial. El sector exterior andaluz, tradicionalmente dinámico, podría experimentar una desaceleración que afecte especialmente a sectores clave como el agroalimentario (aceite de oliva y vino y la industria manufacturera). Las estimaciones apuntan a un impacto negativo en las exportaciones de alrededor de una o dos décimas del PIB regional, aunque este efecto podría mitigarse mediante la diversificación hacia otros mercados donde las empresas andaluzas puedan intensificar su penetración.
La evolución sectorial presenta un panorama heterogéneo, pero globalmente favorable. El sector servicios mantendrá su papel preponderante, destacando las actividades profesionales, artísticas y de información y comunicaciones. El turismo, tras las dificultades del primer trimestre, anticipa un comportamiento positivo, aunque más moderado que en 2024, mientras que la construcción continúa mostrando dinamismo con un crecimiento del 2,4%. El principal desafío vendrá del sector primario, que enfrentará la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas y los efectos climatológicos, aunque mantendrá una evolución moderadamente positiva. En este contexto, la implementación de los fondos europeos será determinante para sostener el crecimiento de Andalucía en un entorno internacional cada vez más incierto.
Por todo lo anterior, el Observatorio Económico de Andalucía proyecta un crecimiento para el año 2025 del 2,6% y para 2026 del 1,9%.










