
– Cuando abrió Brunchit en 2015, el brunch era prácticamente desconocido en España. ¿Cuál fue el momento en que se dio cuenta de que ya no estaba creando una moda pasajera, sino una nueva categoría de negocio?
– Nos dimos cuenta cuando vimos que no era una tendencia puntual, sino una demanda creciente. Los clientes no solo repetían, sino que nos pedían más: más opciones, más horarios, más locales y una experiencia cada vez más completa. Además, observamos que el brunch respondía a una necesidad real del consumidor, que buscaba un momento de disfrute diferente entre el desayuno y la comida tradicional. Ahí entendimos que no estábamos siguiendo una moda, sino contribuyendo a crear una nueva categoría de consumo y de negocio en España.
– Ha pasado de un único local en Málaga a una red internacional con presencia en tres mercados. ¿Qué decisiones empresariales han sido más determinantes para crecer sin perder la esencia de la marca?
– Creo que la clave ha sido tener muy claro el concepto desde el principio y dedicar mucho esfuerzo a documentarlo. Siempre digo que hay que escribir el libro de tu negocio: definir qué eres, cómo haces las cosas y qué experiencia quieres ofrecer. Una vez hecho, hay que seguirlo con disciplina.
La innovación es necesaria, pero debe introducirse con cautela, probando, midiendo y validando antes de escalarla. Hemos evitado desviarnos constantemente hacia experimentos que puedan diluir la esencia de la marca.
Además, para crecer de forma sostenible es fundamental tener las operaciones muy bien estructuradas y controladas. Cuando los procesos están claros y el modelo está testado, puedes expandirte con confianza sin perder aquello que te hizo diferente desde el primer día.

– El consumidor actual busca mucho más que comida: experiencia, diseño, comunidad y bienestar. ¿Cómo ha evolucionado Brunchit para adaptarse a estos nuevos hábitos de consumo?
– Entendimos desde el principio que el consumidor no busca únicamente comida, sino una experiencia completa. Por eso, en Brunchit estudiamos con la misma profundidad la gastronomía que la estética, la decoración, la cultura de marca y la experiencia del cliente.
Para nosotros, un plato o un café no son el producto final; son parte de algo mucho más amplio. Los materiales, los colores, la música, la iluminación, el flujo del local, el servicio y la interacción con el equipo están completamente conectados.
De hecho, crear una experiencia coherente y memorable es el verdadero núcleo de nuestro negocio. La gastronomía es fundamental, pero es la suma de todos los detalles lo que hace que una persona quiera volver, recomendarte y sentirse parte de la marca.

– Usted suele viajar para detectar tendencias internacionales. ¿Qué cambios en restauración y estilo de vida cree que llegarán a España en los próximos cinco años y que todavía no estamos viendo de forma masiva?
– Creo que el gran cambio será que el consumidor dejará de elegir entre rapidez y salud. Durante años parecía que comer rápido implicaba comer peor, pero eso está cambiando. Cada vez más personas buscan soluciones que se adapten a su ritmo de vida sin renunciar a una alimentación equilibrada y de calidad.
La restauración del futuro será rápida, pero sana; accesible, pero cuidada; eficiente, pero con experiencia. Veremos crecer propuestas basadas en ingredientes frescos, menos procesados, con un mayor aporte nutricional y una comunicación mucho más transparente.
El consumidor quiere cuidarse, sentirse bien y optimizar su tiempo. Por eso creo que la alimentación saludable dejará de ser una categoría para convertirse en una expectativa básica. Ya no será algo reservado a un público concreto, sino una exigencia generalizada del mercado.
– Málaga se ha consolidado como un polo de emprendimiento e innovación. Desde su experiencia, ¿qué tiene hoy el ecosistema malagueño que no tenía cuando usted empezó hace una década?
– Cuando empecé hace una década, Málaga ya tenía una calidad de vida extraordinaria, pero todavía no contaba con la concentración de talento, inversión y actividad empresarial que tiene hoy.
En los últimos años, hemos visto cómo muchos profesionales altamente cualificados, emprendedores y directivos han decidido instalarse aquí atraídos precisamente por esa combinación de calidad de vida y oportunidades profesionales. Esto ha generado un efecto multiplicador muy interesante.
También han llegado y crecido empresas de gran relevancia nacional e internacional, lo que ha enriquecido enormemente el ecosistema. Hoy existe una red mucho más amplia de proveedores, colaboradores, inversores, expertos y empresas con las que compartir conocimiento y generar sinergias.
Málaga ha conseguido algo que pocas ciudades logran, que es ofrecer oportunidades comparables a las de grandes capitales, pero manteniendo una calidad de vida diferencial. Esa combinación es probablemente su mayor ventaja competitiva y uno de los principales motores de su crecimiento.
– La revista Emprendedores la ha incluido entre las 100 personas emprendedoras más destacadas de España. Mirando atrás, ¿qué error o fracaso fue clave para construir la empresaria que es hoy?
– No podría señalar un único error, porque sinceramente creo que todos los errores han sido herramientas de aprendizaje muy valiosas. De hecho, se aprende más de los fracasos que de los éxitos.
Si tuviera que destacar una lección importante, diría que en algunos momentos he sido demasiado rápida a la hora de lanzar ideas o innovaciones sin realizar procesos de validación tan profundos como los que hacemos hoy. La ilusión del emprendedor a veces te lleva a querer probar antes de tiempo.
Con los años, he aprendido que la innovación sigue siendo imprescindible, pero que debe apoyarse en datos, pruebas y test reales. Hoy dedicamos mucho más tiempo a validar conceptos antes de escalarlos y eso nos permite tomar mejores decisiones y reducir riesgos sin perder la capacidad de innovar.
– Si tuviera que definir el futuro de Brunchit con una sola ambición empresarial, más allá del número de aperturas, ¿qué le gustaría que representara la marca dentro de diez años?
– Me gustaría que dentro de diez años Brunchit fuera reconocida no solo por lo que vende, sino por lo que representa. Creo que las marcas que realmente dejan huella son aquellas que construyen una identidad y unos valores capaces de trascender el negocio.
Me gustaría que Brunchit fuese una compañía admirada por cómo trata a las personas, por cómo cuida a sus equipos, por la honestidad de sus productos, por su compromiso con la calidad y por la forma en que contribuye a mejorar el día a día de quienes la rodean. Una marca con personalidad, con principios y con una cultura sólida, de hecho es nuestro año ‘de la cultura’ en Brunchit.
Si dentro de diez años alguien habla de Brunchit y piensa en bienestar, respeto, autenticidad, innovación y experiencias que hacen sentir bien a las personas, sentiré que hemos tenido éxito.
Mi ambición no es ser la cadena más grande. Mi ambición es construir una de las marcas más queridas, respetadas y coherentes de nuestro sector.
– Si hoy volviera de aquel viaje a Bali con la misma idea, pero en el contexto económico y competitivo actual, ¿volvería a lanzarse a emprender de la misma manera?»
– Sin los conocimientos que he adquirido durante estos años, probablemente me lo pensaría mucho más. El entorno gastronómico actual es extremadamente competitivo. España tiene una oferta de restauración de enorme calidad, con conceptos cada vez más profesionales, creativos y especializados. Eso hace que lanzar un nuevo proyecto desde cero sea hoy más complejo que hace una década.
Sin embargo, también creo que las oportunidades siguen existiendo para quienes son capaces de aportar algo realmente diferente y ejecutarlo bien. La clave ya no está solo en tener una buena idea, sino en convertirla en un modelo sólido, rentable y escalable.









