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El modelo ESG mejora el rendimiento en el 88% de los casos y España impulsa su aplicación en educación

El informe Education ESG Impact Index es el primer modelo que permite evaluar el “impacto invisible” de la educación en bienestar, valores y sostenibilidad. Andreas Schleicher y Toni Nadal destacan la urgencia de medir el impacto real más allá de los resultados. El proyecto activará una convocatoria nacional para implementar el modelo en 100 centros educativos con financiación completa.

La educación da un paso hacia su transformación. Durante décadas, su evaluación se ha centrado en los resultados académicos, un enfoque que hoy resulta insuficiente ante desafíos como la salud mental, la crisis climática o la irrupción de la inteligencia artificial.

En este contexto, Sevilla ha acogido la presentación del informe Education ESG Impact Index – El impacto invisible de la educación, impulsado por la Fundación EducAcción, a través de la Cátedra UAM y la Universidad Pablo de Olavide (UPO), en colaboración con la Fundación Unicaja. Este estudio introduce por primera vez en educación criterios ESG (sostenibilidad, bienestar y gobernanza) para medir el impacto real de los centros educativos hasta ahora invisible, y convertirlo en una herramienta de mejora.

Durante el encuentro, expertos nacionales e internacionales han coincidido en la necesidad de evolucionar hacia modelos de evaluación que vayan más allá de los resultados académicos. En este sentido, Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, ha señalado que “los sistemas educativos deben evolucionar para medir no solo lo que los estudiantes saben, sino lo que son capaces de hacer con ese conocimiento”.

Los datos avalan este enfoque: el 88% de las organizaciones con prácticas sostenibles presentan un mejor rendimiento operativo. Trasladado al ámbito educativo, esto se traduce en mayor capacidad para atraer talento, mejorar la eficiencia y reforzar su posicionamiento. Asimismo, la aplicación de criterios ESG permite reducir entre un 10% y un 30% el consumo energético de los centros en apenas dos años.

Pero el verdadero salto de este modelo radica en su plena operatividad: por primera vez, se ha desarrollado un sistema capaz de medir, gestionar y reportar el impacto de 28 factores tradicionalmente invisibles bajo el rigor de los estándares ESG. Esto permite a los centros no solo mejorar, sino también acreditar su valor con evidencia, reforzando su reputación desde criterios objetivos y no únicamente desde el relato. “Durante años hemos puesto el foco en lo que es fácil de medir, pero no en lo que realmente importa. La educación no solo transmite conocimiento, forma personas”, ha afirmado Sonia Díez, presidenta de EducAcción.

Además, esta medición se traduce directamente en el alumno. Frente al tradicional boletín de notas, el modelo incorpora un ‘Portfolio Digital’ vivo, basado en 7 insignias digitales (Open Badges 3.0), que certifican el desarrollo de competencias clave para la vida, configurando una visión integral de la persona. En esta misma línea, Toni Nadal, entrenador del Carácter, ha destacado que “lo verdaderamente importante es formar personas con valores y capacidad de superación, porque eso es lo que determina su futuro”.

Todo este conocimiento se ha concretado en la primera guía práctica para centros educativos, diseñada para acompañar de forma estructurada la implementación del modelo.

Del diagnóstico a la acción
El informe evidencia una realidad crítica: factores clave como el bienestar emocional, el pensamiento crítico o los valores han quedado fuera de los sistemas tradicionales de evaluación. Esta transformación responde también a una demanda social clara: cerca de 9 de cada 10 españoles considera necesaria una transformación del sistema educativo, según el Barómetro EducAcción.

En este contexto, el proyecto entra ahora en su fase decisiva: la próxima apertura de una convocatoria nacional para seleccionar 100 centros educativos que implementarán el modelo durante el curso 2026-2027, con financiación completa.

En palabras de Gerardo Lerones, director de Acción Social de la Fundación Unicaja, es un motivo de orgullo poder contribuir a que un trabajo de este nivel se traduzca en impacto social inmediato, en un ámbito tan urgente y necesario como es la educación, tal y como refleja el amplio consenso social existente”.

Este modelo sitúa a España entre los primeros países en trasladar los estándares ESG al ámbito educativo, alineando la medición del sistema con los retos del siglo XXI. El estudio presentado hoy marca el paso del consenso a la acción, situando la medición como el punto de partida para una transformación educativa real. Porque el reto ya no es solo cambiar la educación, sino empezar a medir, de forma rigurosa, el impacto que queremos generar como sociedad. En este sentido, tanto el rector de la Universidad Pablo de Olavide, D. Francisco Oliva, como el decano de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, D. Santiago Atrio, han destacado que “en un contexto de cambio exponencial, la investigación aplicada en ciencias sociales deja de ser una opción para convertirse en una responsabilidad. Este proyecto demuestra que es posible traducir el rigor científico en herramientas concretas de transformación, situando a la universidad como un actor clave en la mejora real de la educación y en la construcción de soluciones con impacto directo en la sociedad”.

EducAcción
EducAcción apuesta por un movimiento ciudadano que no se construye desde la confrontación partidista ni desde slogans electorales, sino desde el rigor científico, criterios claros y un plan de acción compartido. Su propuesta no pasa por una nueva ley, sino por identificar, coordinar y pilotar las innovaciones que ya están dando resultados en otros países, liberando el talento y empoderando a los docentes y centros como verdaderos motores de cambio.

EducAcción aboga por una nueva manera de vivir la transformación educativa desde la corresponsabilidad, no en contra de nadie, sino a favor de todos los que quieren una escuela con sentido y señala como verdaderos enemigos del sistema: la inercia institucional (los que defienden que “todo está bien como está”); la burocracia ciega (normas absurdas que que asfixian la innovación educativa); el tecnocentrismo sin alma (quienes creen que la tecnología y la IA es suficiente sin humanidad); el inmovilismo partidista (la politización de la educación con intereses espurios) y el miedo al cambio disfrazado de prudencia.

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