
Hay proyectos que se construyen con hormigón, planificación y precisión técnica. Y hay otros que, además, dejan huella en quienes los hacen posibles. La finalización del nuevo edificio de alojamiento para el Segundo Batallón de Intervención en Emergencias (BIEM II) de la Unidad Militar de Emergencias (UME), en la Base Aérea de Morón de la Frontera, ha sido uno de ellos para Fonsán, la constructora del holding de empresa Grupo Fonsán.
Tras 17 meses de trabajo, la compañía ha concluido una infraestructura concebida para mejorar el día a día de las personas que siempre están preparadas para actuar cuando más se les necesita. Un espacio pensado para ofrecer descanso, confort y funcionalidad a quienes intervienen en incendios, inundaciones, catástrofes naturales o situaciones de emergencia en Andalucía, Canarias, Extremadura, Ceuta y Melilla.
El nuevo edificio, con una superficie construida de 2.612,82 m² distribuidos en tres plantas, tiene capacidad para albergar hasta 96 efectivos y cuenta con 22 habitaciones individuales y 32 dobles, además de zonas de administración, lavandería, almacenes y espacios comunes destinados al descanso y la convivencia.
Pero más allá de los datos técnicos, desde Grupo Fonsán destacan el significado especial que ha tenido esta obra para todo el equipo. “Desde el primer día entendimos que no estábamos construyendo solo un edificio. Estábamos creando el lugar donde muchas personas de la UME van a descansar después de intervenir en situaciones muy duras, donde van a convivir, prepararse y recuperar fuerzas para volver a ayudar a los demás”, explica Enrique Arroyo, Jefe de Grupo de la constructora.
La actuación incorpora sistemas de climatización individualizada, producción de agua caliente sanitaria mediante aerotermia e instalación fotovoltaica para autoconsumo, reforzando el compromiso del proyecto con la eficiencia energética y la sostenibilidad. Todo ello integrado en una construcción diseñada para responder a las exigencias operativas de una unidad de intervención de alta disponibilidad.
Durante la ejecución, la planificación, la coordinación y el esfuerzo conjunto de los equipos han sido claves para cumplir los plazos y garantizar los estándares de calidad marcados desde el inicio. Un trabajo donde cada detalle ha sido abordado con la responsabilidad que exige una infraestructura de estas características.
“Hay obras que te hacen sentir especialmente orgulloso. Esta es una de ellas. Porque detrás de cada plano y cada decisión constructiva sabíamos perfectamente para quién estábamos trabajando. Y eso cambia la manera de afrontar el proyecto”, añade Arroyo.
Con esta actuación, Fonsán continúa consolidando su experiencia en edificaciones singulares y proyectos de alta complejidad, manteniendo una forma de construir basada en el compromiso, el rigor técnico y, sobre todo, en las personas que van a dar vida a cada espacio.










