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Barbadillo pone a la venta el secadero de El Pedroso para cerrar una etapa crítica de su historia

Diversos grupos del sector del ibérico están analizando el activo.

Grupo Barbadillo ha puesto a la venta el secadero de El Pedroso (Sevilla. La empresa bodeguera salió del negocio de los productos ibéricos hace más de una década para concentrarse exclusivamente en su actividad vitivinícola. Desde entonces, la instalación ha estado arrendada a la compañía canaria Montesano, que ha operado esta planta hasta el segundo semestre de 2025. Finalizado el contrato, Barbadillo ha decidido buscar un comprador para desprenderse definitivamente del activo, que ya está siendo analizado por varios grupos del sector.

El secadero de El Pedroso es una de las instalaciones de mayor dimensión del sector en Andalucía. Construido en 2004 y ampliado en 2010, cuenta con capacidad para más de 250.000 piezas y dispone de equipamiento completo para el proceso de recepción, salazón, secado, deshuesado, loncheado y envasado. El edificio cuenta con cuatro plantas y con múltiples salas, tanto de ventilación natural como climatizadas.

Con esta futura venta, la compañía de Sanlúcar de Barrameda busca cerrar uno de los episodios más complejos de su trayectoria centenaria. Barbadillo inició la toma de control de Matadero de Sierra Morena —propietaria del secadero— en 2004 como parte de una estrategia de diversificación que implicó una inversión de más de 17 millones de euros. La operación se realizó bajo una apariencia de normalidad, pero la empresa escondía un vicio oculto: antes de su compra, los fundadores originales habían obtenido la aprobación de diversas ayudas públicas por parte de la Junta de Andalucía, por un importe cercano a cuatro millones de euros.

Barbadillo no participó en la solicitud, tramitación ni concesión de esas ayudas, ni tuvo conocimiento de las condiciones en las que se otorgaron. De hecho, la elevada valoración de Matadero de Sierra Morena respondía precisamente a la inclusión en el precio final de estas subvenciones ya aprobadas y aparentemente válidas. Con el tiempo, las irregularidades detectadas en la concesión —atribuidas exclusivamente a los antiguos propietarios— derivaron en la obligación de devolver las ayudas. La crisis del sector ibérico agravó la situación y forzó el cierre de la actividad. El resultado total para Barbadillo ha supuesto un impacto económico negativo superior a los 21 millones de euros.

Aunque la deuda generada por el secadero lastró la evolución del grupo, Grupo Barbadillo ya ha logrado dejar atrás las vicisitudes que generó esta operación. Tras arrendar el secadero a Montesano, Barbadillo puso el foco en 2015 en un plan de negocio centrado exclusivamente en el vino y en la innovación dentro de sus propios viñedos, que le ha permitido consolidar una trayectoria de crecimiento sostenido (reforzando además su liderazgo en manzanilla y en vinos blancos). Una década después el plan se ha cumplido con éxito, el pasivo financiero se ha reducido drásticamente, y la compañía ya trabaja en un nuevo plan estratégico que le permita acelerar su expansión reforzando la apuesta por el lanzamiento de productos innovadores y la internacionalización. Tras lograr absorber las cuantiosas pérdidas que ha implicado la compra de Matadero de Sierra Morena a lo largo de una década, la venta del secadero rompería definitivamente el vínculo con la mayor crisis que ha afrontado el grupo.

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