
Diez años después de abrir las puertas de su primera casa en Madrid, Fismuler llega a Sevilla. Lo hace en uno de esos lugares capaces de explicar por sí solos una ciudad, en plena avenida de la Constitución, frente a la catedral y la Giralda, dentro de un edificio histórico proyectado por Aníbal González entre 1915 y 1917 que hoy alberga el hotel Serras Sevilla. Un enclave excepcional para la quinta sede de un restaurante que, tras su nacimiento en Madrid, ha llevado su cocina a nuevos enclaves en Barcelona, Lisboa y Andorra, manteniendo intacta una forma muy personal de entender la cocina y la hospitalidad.
La apertura supone además un nuevo capítulo en la relación entre Familia La Ancha y Serras Collection, que ya comparten proyecto en Casa Serras Andorra, donde Fismuler forma parte de la propuesta gastronómica del hotel. Una alianza que vuelve a situar la gastronomía, el servicio y el cuidado del huésped en el centro de la experiencia y que encuentra ahora en Sevilla un escenario especialmente singular.

Diez años siendo Fismuler
Nacido en Madrid en 2016 y consolidado en Barcelona desde 2018, Fismuler ha construido durante estos diez años una manera muy personal de entender un restaurante. Aquí lo más importante es el sabor y, por encima incluso de la cocina, está quien se sienta a la mesa.
La técnica está presente en cada elaboración, aunque sin hacer grandes alardes, pues se pone al servicio del sabor y no de la grandilocuencia; aquí no hay artificios ni elementos puramente decorativos. Cada ingrediente, cada elaboración y cada gesto tienen un porqué y un para qué. Naturalidad, sencillez y calidad son la base de una cocina en la que el producto y el sabor ocupan siempre el primer lugar.

La naturaleza marca el ritmo de una carta viva, con especial protagonismo del universo vegetal. Fismuler no cambia su cocina para llegar a Sevilla, sino que busca productos y productores que la enriquezcan y la arraiguen al lugar en el que se establece. Nino Redruello y su equipo trabajan con pequeños productores, agricultores y proveedores locales para encontrar los mejores ingredientes de cada temporada y hacer con ellos la cocina de siempre de Fismuler. Una cocina aparentemente sencilla, pero con mucha técnica detrás, donde caben la artesanía y la brasa, y donde la libertad permite que convivan una pepitoria, un mole o una carbonara. Platos pensados para compartir junto a los grandes clásicos de la casa, la dorada semicurada, almendra y uva; la corvina parrilla, col, ajada, kimchi casero; el escalope San Román, huevo y trufa; o la ya famosa tarta de queso, elaborada con tres tipos diferentes de quesos (fresco, ahumado y azul).
Sevilla también entra en la carta. Entre las novedades creadas para esta nueva casa aparece el remojón andaluz de trucha ahumada y naranja, una interpretación de la receta tradicional en la que el bacalao deja paso a una trucha del Pirineo ahumada con sarmiento, acompañada de naranja dulce y amarga, vinagre de Jerez y mantequilla tostada. También se acerca al territorio uno de los bocados más reconocibles de Fismuler, el bocata de oreja brava, que aquí se sirve en mollete sevillano. A estas propuestas se irán sumando otros platos nacidos del encuentro entre la identidad de Fismuler, el producto y el recetario andaluz.

La carta líquida mantiene también las señas de identidad de la casa, con protagonismo para los pequeños productores, los vinos naturales y las referencias por copas, junto a las jarras caseras, el café infusionado y una selección de destilados macerados en casa. Y cuando cae la noche, la música en directo vuelve a formar parte de la experiencia, como lo hace desde los orígenes de Fismuler. No como un añadido, sino como otra pieza de una casa pensada para comer, beber, conversar y alargar la sobremesa.
Sin artificios, también en la sala
Fismuler no se entiende solo desde la cocina. El anfitrionaje forma parte de su esencia desde el primer día con un servicio cercano y profesional, sin solemnidades ni códigos innecesarios, en el que el equipo puede mostrarse con naturalidad y el cliente también puede ser él mismo. A Fismuler no se va a degustar, se va a estar a gusto. Cocina, sala y espacio no están por encima del cliente, sino a su servicio.
Esa misma filosofía se reconoce en el interiorismo, firmado por Arquitectura Invisible, con madera sin pulir, mármol y acero, bombillas de filamento, luz de velas y los icónicos tarros de fermentos y macerados. Un lenguaje sencillo y cálido que hablan todos los Fismuler abiertos hasta la fecha, sin elementos gratuitos, que en Sevilla cobra una dimensión especial gracias a sus grandes ventanales y a la presencia casi inmediata de la Catedral y la Giralda.

El restaurante se integra en Serras Sevilla, el nuevo hotel 5 estrellas Gran Lujo de Serras Collection, con 43 habitaciones, nueve de ellas suites, y un interiorismo firmado por Eva Martínez que combina la arquitectura original con una mirada contemporánea vinculada a la identidad sevillana. El hotel forma parte de la Legend Collection de Preferred Hotels & Resorts y supone un nuevo capítulo en la colaboración entre Serras Collection y Familia La Ancha, que ya comparten proyecto en Casa Serras Andorra. Además de gestionar Fismuler, Familia La Ancha se ocupa de la operativa de Food & Beverage del hotel, dando soporte a sus diferentes servicios gastronómicos.
Diez años después de aquel primer fismuler en Madrid, la esencia sigue siendo la misma: poner el sabor y el producto por encima de todo, cocinar sin artificios, recibir con cercanía y conseguir que quien entra por la puerta quiera quedarse. Comer bien, beber bien, escuchar buena música y estar a gusto. Ahora, también frente a la Giralda de Sevilla.

Familia La Ancha
En 1919, Benigno Redruello abrió las puertas de la primera taberna de la familia, La Estrecha, en Madrid. Casi una década después, su hijo Santiago, segunda generación, la renombró como La Ancha y, en 1957, fue Antonio, padre de los actuales propietarios, Nino y Santi, quien asumió el mando de la tercera generación.
Entre 2005 y 2007, se produjo el relevo generacional y el grupo comenzó a expandirse. Hoy, Nino y Santi Redruello, junto con Ekaitz Almandoz, representan la nueva generación de una familia hostelera que lleva más de 100 años ofreciendo lo mejor de su cocina al público madrileño, y desde hace algunos años, también al de Barcelona. En la actualidad, el grupo cuenta con el apoyo de Vicente Górriz como director general y Manuel Villalba como chef ejecutivo.

Familia La Ancha reúne hoy un conjunto de conceptos muy reconocibles en Madrid y Barcelona. En Madrid, cuentan con dos sedes de La Ancha y dos de Taberna La Ancha, Tortillas de Gabino, The Club (proyecto compartido con Azotea Grupo), Armando Delivery y el nuevo Armando Restaurante. A esto se suma Fismuler, con presencia también en Barcelona, Lisboa, Andorra y Sevilla, así como Molino de Pez en Barcelona y el servicio de catering Los Eventos de La Ancha.
Se trata de una familia que se ha caracterizado siempre por el buen hacer en cocina y en sala siguiendo el hilo argumental de una tradición arraigada y actualizada no con artificios ni con estrafalarias técnicas culinarias, sino con el respeto al producto, el mimo en cada paso de sus recetas y el cuidado de los detalles.

Datos de interés
• Dirección: avenida de la Constitución, 14, Sevilla.
• Web: www.fismuler.com
• Instagram: @fismuler.sevilla
• Carta: https://www.fismuler.com/sevilla/carta
• Precio medio: 50€










