
El Centre Pompidou Málaga ha presentado este miércoles la exposición temporal ‘El gesto y la materia. Abstracciones internacionales (1945-1965)’, que pone de relieve el desarrollo internacional del expresionismo abstracto a lo largo de dos décadas. La muestra está comisariada por Christian Briend y Anne Foucault y podrá visitarse hasta el 7 de septiembre.
A la presentación han asistido el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; la concejala delegada de Cultura y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Málaga, Mariana Pineda; el director de la Agencia Pública para la gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros equipamientos museísticos y culturales, Luis Lafuente; la directora general adjunta del Centre Pompidou, Charlotte Bruyerre; Anne Foucault, cocomisaria de la exposición; Juan Carlos Barroso, responsable territorial en Andalucía, Ceuta y Melilla de la Fundación ”la Caixa”; y Enrique Sánchez, director de Área de Negocio de CaixaBank en Málaga.

Tras la Segunda Guerra Mundial, surgió desde París una nueva corriente artística que apostaba por la abstracción, el gesto y la materia. El trauma del conflicto y la revelación de las técnicas de exterminio masivo empujaron a los artistas a romper con todo lo anterior, con la intención de «empezar de cero, como si la pintura no hubiese existido nunca».
Al finalizar 1945, París volvió a ser, por un tiempo, el centro del mundo artístico, aunque ahora debía compartir protagonismo con Nueva York. La capital francesa se convirtió en el gran escaparate de la abstracción, impulsada por una sólida red de galerías y una nueva generación de críticos de arte. Fue un imán tanto para artistas europeos, a menudo expulsados de sus países por regímenes autoritarios, como para creadores llegados de Estados Unidos y Asia. La exposición, en la que colabora la Fundación ”la Caixa”, aglutina estos aspectos, que marcaron el desarrollo del expresionismo abstracto.

‘Arte otro’
Bajo el término ‘arte otro’, el crítico Michel Tapié reunió en 1952 a artistas que rechazaban tanto los elementos figurativos como las formas geométricas. Creadores como Jean Fautrier y Wols marcaron el camino de esta nueva pintura, mientras que Georges Mathieu desarrolló una obra basada en manchas, goteos y empastes de color aplicados directamente sobre el lienzo.
Tras la guerra, Nueva York emergió como un potente foco artístico e intelectual, aunque los jóvenes artistas estadounidenses continuaron mirando hacia París. Jackson Pollock, figura central del ‘Action Painting’, organizó su primera exposición europea en el Studio Facchetti en 1952, donde sus composiciones ‘all-over’ y su técnica de ‘dripping’ causaron sensación y dejaron una profunda huella en artistas como Georges Mathieu y François Arnal. De manera similar, Joan Mitchell y Sam Francis exploraron la relación física con el soporte, trabajando sobre lienzos de gran formato y convirtiendo la pintura en un espacio performativo de intensa gestualidad.

Una de las secciones destacadas es ‘El negro es un color’, que reúne a artistas abstractos, como Pierre Soulages o André Marfaing, que recurrieron a la sobriedad y la solemnidad del negro. Inspirándose en la música, Gérard Schneider utilizó brochazos vigorosos, mientras que Hans Hartung amplió en el lienzo sus tintas sobre papel. El contraste entre el blanco y el negro también podía infundir una sensación de gravedad, incluso de tragedia, como en la obra de Antonio Saura, que evocaba el recuerdo de la gran pintura barroca española.
Asia/Occidente
La exposición también pone el foco en la atracción que París ejerció sobre los jóvenes artistas japoneses durante la década de 1950. En 1957, el viaje a Japón del crítico Michel Tapié junto a Georges Mathieu intensificó los lazos entre la escena parisina y el movimiento Gutai, un grupo de vanguardia que contaba con figuras destacadas como Kazuo Shiraga. Por su parte, la pintura del artista chino Zao Wou-Ki alcanzó una refinada síntesis entre la gestualidad abstracta y la tradición paisajística del Lejano Oriente, que iba en paralelo a la influencia de la caligrafía y la espiritualidad oriental en artistas occidentales como Jean Degottex y Mark Tobey.

Finalmente, el recorrido muestra cómo, a lo largo de la década de 1950, una red internacional de galerías y críticos impulsó la expansión de la abstracción gestual hasta convertirla en el lenguaje común en toda Europa. En algunos contextos, como el caso de la España franquista o la Polonia comunista, esta estética se entendió como un espacio de resistencia frente a los dogmas culturales dominantes.
A mediados de los años sesenta comenzaron a percibirse signos de agotamiento de este lenguaje pictórico, coincidiendo con el retorno a la figuración de la mano del Pop Art en Estados Unidos y la aparición de nuevos movimientos artísticos. La exposición se cierra con la pintura de Michel Parmentier, que actuó como puente entre el lenguaje gestual y planteamientos más radicales y minimalistas de la abstracción.

Artistas en la exposición: Afro (Afro Basaldella); François Arnal; Camille Bryen (Camille Briand); Jean Degottex; Jean Fautrier; Sam Francis; Simon Hantaï; Hans Hartung; Toshimitsu Imai; Tadeusz Kantor; André Marfaing; Georges Mathieu; Manolo Millares (Manolo Millares-Sall); Joan Mitchell; Ernst Wilhelm Nay; Michel Parmentier; Jackson Pollock; Judit Reigl; Key Sato; Antonio Saura; Gérard Schneider (Gérard Ernest Schneider); Kazuo Shiraga; Pierre Soulages; Mark Tobey; Wols (Alfred Otto Wolfgang Schulze); Zao Wou-Ki.










