Andalucía Económica

Observatorio Económico de Andalucía publica sus estimaciones sobre la economía andaluza en el tercer trimestre de 2018

Según el estudio, la economía andaluza experimentó un crecimiento intertrimestral del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,6% en el tercer trimestre de 2018, lo que supone una décima más de crecimiento que durante el segundo trimestre del año.

28 diciembre 2018
 

El Observatorio Económico de Andalucía ha hecho pública sus estimaciones sobre la economía andaluza en el tercer trimestre de 2018.

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Según la estimación realizada por el Indicador Sintético de Actividad de Andalucía del Observatorio Económico de Andalucía (IOEA), la economía andaluza experimentó un crecimiento intertrimestral del Producto Interior Bruto (PIB) del 0,6% en el tercer trimestre de 2018, lo que supone una décima más de crecimiento que durante el segundo trimestre del año. Esta cifra es similar a la estimada por el INE para el PIB español. Con esta tasa, el crecimiento interanual del IOEA para el tercer trimestre de 2018 es del 2,4%, una décima inferior a la estimación ofrecida para el segundo trimestre, e igualmente una décima más baja que la estimada para España (2,5%).

Con el dato estimado se constata que en términos intertrimestrales se frena la tendencia decreciente del ritmo de crecimiento de la economía andaluza, aunque dicha tendencia se mantiene en términos interanuales. Este ligero mayor crecimiento se explica en gran parte por el consumo de las familias, que se mantiene en crecimientos moderados, y en esta ocasión acompañado por la relativa mejora del consumo de los no residentes y, de nuevo, por un sector exterior que mostró un perfil positivo en los meses del tercer trimestre. A todo esto debe sumarse la aportación de unas administraciones públicas cuyo empleo ha crecido de forma considerable durante el tercer trimestre de 2018. En cuanto a la inversión, tanto la residencial como en maquinaria, continúa mostrando un
comportamiento mucho mejor que el del consumo, y con perspectivas moderadas de crecimiento para el futuro más cercano.

… por el lado de la demanda
Como viene siendo habitual en los últimos trimestres, el consumo de los hogares, aunque mantiene un crecimiento positivo, manifiesta un cierto debilitamiento a medida que avanza el año.

Una vez más, su perfil moderado explica en gran parte también el menor crecimiento andaluz comparado con el conjunto de España, aunque en esta ocasión la brecha observada en pasados trimestres se reduce. No obstante, los indicadores asociados al consumo muestran comportamientos dispares. Entre los que muestran un comportamiento positivo podemos señalar a la matriculación de vehículos, con aumentos interanuales del 6,7%, aunque menores a los del segundo trimestre (11,6%) e inferior, en esta ocasión, al crecimiento del conjunto nacional. Otro indicador representativo del consumo, como es la evolución de la cifra de negocios del indicador de actividad de los servicios, asociados al sector comercial, también refleja una evolución positiva, aunque de nuevo con una evolución inferior al del resto de las actividades de los servicios. Sin embargo, el Índice de Comercio Minorista, vuelve a mostrar una tendencia negativa, en este caso con una variación interanual del -0,7%, inferior a la estimada para el segundo trimestre de 2018 (-0,2%) aunque mejor que la media nacional (-1,4%). En cuanto al empleo asociado a las actividades de consumo, en particular al comercio, mejora respecto a lo computado en el trimestre anterior y, en particular, también lo hace en la actividad del transporte.

El consumo de los no residentes en el tercer trimestre compensa el mal comportamiento del trimestre anterior, pues prácticamente todos los indicadores muestran una mejoría en los meses de verano. Así, las pernoctaciones y el número de viajeros alojados en establecimientos hoteleros andaluces aumentaron en términos interanuales, mejorando claramente los registros del segundo trimestre e incluso por encima del conjunto de España. Mientras las pernoctaciones crecieron un 1,3% y los viajeros un 3,7%, en España se seguían contrayendo las primeras en un -0,5% y creciendo tan solo los segundos en un 1,1%. Por el contrario, el número de pasajeros en transporte aéreo llegados a la región continuó reduciendo su tasa de crecimiento interanual hasta el 3,7%, en sintonía con la evolución en el resto de España.

El consumo público tiene una aportación positiva e intensa al crecimiento, en particular en términos interanuales. Así, el empleo en las Administraciones Públicas en educación y sanidad aumenta un 6% respecto al dato estimado para el tercer trimestre de 2017, mientras que en términos intertrimestrales el crecimiento es solo del 0,5%.

La inversión de las empresas andaluzas mantiene una buena dinámica. Los indicadores que hacen referencia al tercer trimestre en el Índice de Confianza Empresarial de Andalucía (cartera, tendencia y existencias) muestran una mejoría respecto al segundo trimestre. No obstante, las percepciones empresariales para el cuarto trimestre son de un claro empeoramiento. Por su parte, la matriculación de vehículos industriales continúa con la tendencia positiva, aunque en esta ocasión con una tasa interanual muy inferior a la de los dos trimestres anteriores, en particular respecto al segundo trimestre (1,6% frente al 18,1% en tasa de crecimiento interanual). A estas cifras debemos sumar el aumento del número de hipotecas constituidas durante el tercer trimestre, que lo hace a ritmos superiores a los de la primera mitad del año: 12,7% y 8,9% en número y en valor, respectivamente).

A diferencia del segundo trimestre de 2018, el componente de demanda que mejor explica el freno en la caída experimentada en el crecimiento intertrimestral del PIB andaluz es el sector exterior. Mientras las exportaciones desde Andalucía aumentaban en un 25,4%, las importaciones lo hacían a ritmos muy inferiores, 5,0%. En términos reales, la diferencia es incluso mayor para las exportaciones pues mientras los precios de las mismas se elevaron en torno al 3%, los de las importaciones lo hicieron sobre el 13%.

…por el lado de la oferta
El sector de los servicios muestra un comportamiento muy similar al del consumo y reproduce el del conjunto de la economía. Sin embargo, no todos los indicadores de los que se disponen para estudiar su evolución muestran un comportamiento homogéneo. En primer lugar, la cifra de negocios del sector (según el Indicador de Actividad de los Servicios) aumenta en el tercer trimestre el 5,9% en términos interanuales, más que el trimestre anterior (4,1%), y más del doble que el registro del primer trimestre (2,6%). En segundo lugar, el registro de afiliados al sector servicios reduce muy ligeramente su crecimiento en términos interanuales (del 3,6% al 3,5%).

Por lo que se refiere a las distintas ramas, las actividades que mejor comportamiento muestran en este trimestre son educación, sanidad, arte y transporte. La hostelería tiene un comportamiento positivo, mejorando ligeramente respecto al segundo trimestre, en sintonía con los datos de turismo. En el lado contrario, podemos encontrar las actividades de finanzas, que mantienen su ya tradicional ajuste de plantillas, y el colectivo de las empleadas de hogar, con una caída en términos interanuales del 2%. El valor añadido del sector, también incluido en el Indicador de Actividad de los Servicios, muestra igualmente una ligera mejoría respecto a los datos estimados para el segundo trimestre. Mientras en el tercer trimestre el crecimiento se sitúa por encima del 3,5%, durante el segundo este no superaba el 2,5%. Comercio y actividades profesionales muestran los mejores resultados, mientras que hostelería (mejorando al final del trimestre) y actividades auxiliares registran los peores resultados. Por último, el crecimiento del empleo es mayor al del segundo trimestre (2,6% frente a 1,6%) según la Encuesta de Población Activa.

El sector industrial, por el contrario, presenta de nuevo un retroceso en la actividad durante el tercer trimestre. El Índice de Producción Industrial cayó un -2,1% en tasa interanual, muy lejos de nuevo del 1,2% de crecimiento en España. Dentro de la industria, y salvo las actividades manufactureras que de nuevo mantienen un ligero crecimiento, son las industrias extractivas las que experimentan una importante contracción (de hasta el -23% en el mes de agosto).

Por último, el sector de la construcción continúa manteniendo un trimestre más un comportamiento positivo. Particularmente llamativo es el aumento del empleo en el sector: un 15,4% interanual, según la EPA.

Previsiones
Los indicadores disponibles hasta la fecha nos informan de un crecimiento esperado para el cuarto trimestre de 2018 similar al estimado para el tercer trimestre del año, aunque por redondeo podemos cifrar este en torno al 0,5%, volviendo de nuevo la economía andaluza a una senda de debilitamiento de su crecimiento momentáneamente interrumpido en el recientemente finalizado tercer trimestre.

Las previsiones para los últimos meses de 2018 y para 2019 vienen marcadas por la intensificación de la desaceleración económica y por la acumulación de múltiples incertidumbres internas y externas, aunque el consenso de los analistas apunta a la continuidad de la recuperación, pero más moderada que en años anteriores.

El Fondo Monetario Internacional ha reducido la previsión de crecimiento de la economía mundial en dos décimas, dejándola en el 3,7% tanto para 2018 como para 2019. Dicha previsión responde a las tendencias que podemos observar por países. De momento, la evolución macroeconómica de los Estados Unidos sigue siendo muy positiva. Los efectos de los estímulos fiscales son aún palpables, de tal manera que para el tercer trimestre de 2018 el crecimiento aumentó hasta el 3,5% en términos interanuales. Sin embargo, este crecimiento es inferior al estimado en los tres meses anteriores (4,2%), lo que puede ser el resultado de varios factores que elevan la incertidumbre sobre el crecimiento futuro. Por un lado, el déficit público, que la política fiscal expansiva provoca, terminará por condicionar negativamente el crecimiento futuro. En segundo lugar, el mercado de trabajo podría estar generando tensiones, en particular sobre los costes laborales alimentando las expectativas de inflación. En tercer lugar, la incertidumbre política dentro del país, así como las políticas comerciales anunciadas o llevadas a cabo por la Administración Trump han elevado la rentabilidad del bono norteamericano. Todo ello implica que en el próximo año podríamos ser testigos de tres subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, lo que tendrá efectos en el crecimiento tanto de este país como en el de muchos otros.

En China, el crecimiento sigue reduciéndose gradualmente. Así, para el tercer trimestre de 2018, el crecimiento del gigante asiático fue del 6,5%, dos décimas inferior al del segundo trimestre. Entre otras causas, podemos señalar que las políticas comerciales proteccionistas aplicadas por los Estados Unidos empiezan a generar efectos negativos en su dinámica económica. Las respuestas político económicas de las autoridades chinas determinarán el devenir de su economía.

En cuanto al resto de las economías emergentes, el efecto que sobre ellas pueda tener el ajuste en las políticas fiscales y comerciales norteamericanas no es baladí. En todo caso, excepto algunas economías como Argentina y Turquía, y a las que se le puede unir Brasil por la incertidumbre de la política económica del nuevo gobierno, el comportamiento del conjunto de estas economías sigue siendo positivo, superior a la media del crecimiento de las economías avanzadas aunque a ritmos inferiores de los de inicios del año. Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional de primeros de octubre, para la segunda mitad del año se espera un crecimiento en estas economías del 4,3%, muy inferior a la anterior estimación de abril, que fue del 5,3%.

Por lo que respecta a la eurozona, los riesgos importados desde los Estados Unidos y desde algunos países emergentes, en particular Latinoamérica y Turquía, unidos a otros riesgos propios como son el Brexit e Italia, que irrumpen con fuerza, explicarían en gran parte la reducción en su tasa de crecimiento esperado para lo que resta del año y para 2019. Así, el crecimiento estimado para el tercer trimestre fue solo del 0,2%, la mitad que el segundo trimestre de 2018. Esta evolución reduce la previsión de crecimiento para el conjunto de 2018 hasta el 2%, con un recorte en la última revisión de dos décimas, y la de 2019 hasta el 1,8%.

En lo que respecta a la economía española, tanto las incertidumbres externas como las suyas propias inducen a reducir las previsiones de crecimiento. Así, y a pesar de las buenas perspectivas para los meses finales del año, el crecimiento para el tercer trimestre ha sido algo inferior a lo esperado (0,6% intertrimestral cuando se esperaba un 0,7%). Este ajuste viene explicado por un menor aporte del sector exterior, que a diferencia de los trimestres de mayor crecimiento en la recuperación tras la crisis, aporta negativamente al PIB. También se explica por la subida de los precios del petróleo, así como por el mal comportamiento del turismo en los meses centrales del año. De nuevo, entre los riesgos que tiene nuestra economía, y que pueden intensificarse en los próximos trimestres, se pueden destacar, el aumento de los precios del petróleo, el Brexit, la política comercial de EEUU, el cambio en la política monetaria del Banco Central Europeo, la desaceleración de la economía europea, así como las incertidumbres políticas (Cataluña, gobierno en minoría) y económicas (límite de gasto y el proyecto de presupuesto para 2019).

Las previsiones para Andalucía no difieren significativamente de las realizadas para España. En los próximos trimestres Andalucía seguirá en una senda de crecimiento moderado, pero superior a la del resto de la Unión Europea y ligeramente inferior a la española, aunque a menor ritmo conforme avancemos en el tiempo. Una vez más, el consumo privado seguirá siendo el gran soporte de la economía andaluza, mientras que la inversión inmobiliaria mantendrá un papel relevante en este impulso, aunque a la espera de valorar el efecto de la incertidumbre creada sobre las sentencias asociadas al pago de impuestos en la constitución de las hipotecas. Se espera, por otro lado, un aumento tanto de la inversión pública como del empleo dada la inminencia de una sucesión continua de elecciones autonómicas, municipales y europeas. Por el contrario, es previsible que el sector exterior mantenga su senda negativa a medida que asimile la incertidumbre generada en el entorno externo.

Por el lado de la oferta el sector de la construcción será el que previsiblemente contribuya de forma más significativa al crecimiento regional, mientras que la industria y algunos servicios podrán restar intensidad al crecimiento de la economía andaluza.

Por todo ello, el Panel de Expertos del Observatorio Económico de Andalucía prevé que el PIB regional aumente en 2018 hasta el 2,5% (similar a la anterior previsión de septiembre), y la desaceleración se seguiría acentuando en 2019 hasta el 2,1%. Dadas la estructura y la dinámica de la oferta regional es de esperar que el empleo disminuya su ritmo de creación menos intensamente que en el conjunto de España, alcanzando probablemente el 1,9% en 2018. En resumen, el panorama interno y externo sigue desacelerándose a medida que avanza 2018.

Aunque no es de esperar una recesión en el corto plazo, tanto la economía andaluza como la española se enfrentan a un menor crecimiento con claros problemas: una elevada tasa de paro, sin que se observe un cambio significativo en las razones que lo determinan, y elevados déficit y deuda pública a pesar de cuatro años de recuperación, lo que limitaría notablemente la capacidad de las políticas anticíclicas ante una eventual contracción económica. A esto hay que sumar una estructura productiva que no muestra cambios significativos en los años recientes, así como un aumento de la incertidumbre política.

Duración de la crisis y recuperación del PIB andaluz
La crisis financiera global iniciada en 2008, y que tuvo una réplica en Europa en 2012 con la llamada crisis de la deuda, redujo el producto interior bruto de gran parte de las economías occidentales y en algunos casos de forma intensa. Dicha crisis financiera, consecuencia de la caída del sistema financiero internacional que había basado su expansión anterior en el recurso intenso el crédito inmobiliario, generó un contagio sobre la economía real que no tardó en revelarse como excepcional. Aunque iniciada la crisis en los Estados Unidos, ésta rápidamente se reprodujo al resto de economías que habían mantenido un crecimiento fundamentado en unas mismas bases crediticias. El daño creado fue tan intenso que durante al menos una década algunos países no pudieron recuperar sus niveles de producción.

Este ha sido el caso particular de España y Andalucía. En la figura que se muestra arriba se observan los ajustes en el PIB a precios constantes de ambas economías para las tres últimas crisis: las iniciadas en 1980, 1992 y en 2008. En el eje horizontal se reproduce la duración en trimestres de cada una de estas crisis, en todos los casos medida como el tiempo transcurrido desde el trimestre en el que se lanzará el máximo antes de la crisis hasta el momento en el que el nivel de producción volvió a alcanzar dicho máximo. Como se puede observar, la última y reciente crisis es, con gran diferencia, la que más duración ha tenido y la que mayor ajuste ha provocado.

Sin embargo, el efecto ha sido algo más intenso y duradero en el caso de la economía andaluza. Por fin, en 2018, concretamente en el primer trimestre, la economía andaluza volvía a recuperar los niveles alcanzados en su anterior máximo, en el primer trimestre de 2008, es decir, cuarenta trimestres después. En el caso de la economía española, esta necesitó menos de tiempo, ya que su nivel máximo previo a la crisis se recuperó entre el primer y segundo trimestre de 2017, es decir, un año antes que Andalucía y habiendo alcanzado el anterior máximo un trimestre después (en el segundo de 2008). Esto da la cifra de 35 trimestres. Es obvio, pues, que esto refleja un déficit en la economía andaluza que explicaría su peor comportamiento.